El liderazgo de las mujeres africanas, clave para transformar el continente

El liderazgo de las mujeres africanas, clave para transformar el continente

África continúa siendo presentada con frecuencia a través de una visión reduccionista: un territorio asociado a enfermedades como el ébola o el VIH, hambrunas, safaris, pobreza y guerras. En su libro África no es un país, el periodista Dipo Faloyin cuestiona esta imagen, que puede contener elementos reales pero solo refleja una parte limitada de la compleja realidad africana.

Esta narrativa simplificada convierte a un continente diverso en una caricatura persistente y reproduce el riesgo de la historia única planteado por Chimamanda Ngozi Adichie en su obra El peligro de la historia única.

Colonialismo, dependencia y potencial demográfico

El legado colonial continúa condicionando la situación del continente. Patrice Lumumba, primer ministro de la República Democrática del Congo entre junio y septiembre de 1960, tras la independencia de la ocupación belga, resumió esta realidad con una reflexión: «A los colonialistas no les importa para nada África, solo su propio bien. Se sienten atraídos por nuestras riquezas y sus acciones están guiadas por el deseo de preservar sus intereses contra la voluntad del pueblo africano».

Las estructuras heredadas del colonialismo no solo trazaron fronteras artificiales, sino que también favorecieron economías dependientes y élites políticas alejadas de la población. En un mundo globalizado, la relación con África debería desarrollarse desde la igualdad, y no desde la imposición o la fuerza.

El continente posee un enorme potencial. Su población, actualmente situada en 1.580 millones de personas, alcanzará previsiblemente los 2.500 millones en 2050. Además, la edad media africana es de 19,5 años, frente a los cerca de 45 años de la Unión Europea.

Pobreza, corrupción y recortes de ayuda

Sin embargo, los últimos datos del informe anual de Naciones Unidas indican que África ha superado a Asia como el continente con mayor número de personas pobres. La corrupción, convertida en ocasiones en un modus vivendi, sigue siendo una de las principales asignaturas pendientes en países con abundantes recursos naturales cuyos beneficios no llegan a la sociedad.

La retirada repentina en 2025 de la financiación internacional de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) generó un efecto contagio: otros países recortaron de forma drástica, e incluso eliminaron, recursos que destinaban al llamado Tercer Mundo. La decisión dejó vacíos presupuestarios y numerosos proyectos, muchos de carácter humanitario y construidos durante décadas, sin respaldo.

Según un reciente estudio publicado en la revista científica Science, la medida de la Usaid ha provocado un aumento significativo de los conflictos violentos en África. Aun así, reducir el continente a su dependencia de la ayuda exterior sería otro error: cada vez son más las soluciones que nacen dentro de África.

Las mujeres, motor de la transformación interna

En este escenario, el protagonismo de la mujer africana representa un motivo para la esperanza. Las mujeres son la columna vertebral de la vida comunitaria y, al mismo tiempo, impulsan cambios profundos en la política, las empresas y la sociedad.

En África subsahariana, las mujeres constituyen cerca del 80% de la mano de obra agrícola y producen la mayor parte de los alimentos que abastecen los mercados locales. De este modo, sostienen el consumo diario de millones de familias. El liderazgo femenino es una de las principales palancas de transformación interna del continente, pese a que a menudo permanece infravalorado en sociedades marcadamente machistas.

Su presencia en los gobiernos y en la vida política sigue siendo limitada, mientras varios países mantienen jefes de Estado octogenarios que se han perpetuado en el poder. No obstante, el emprendimiento femenino avanza: aproximadamente el 25% de las mujeres en edad laboral crea negocios en sectores como la tecnología agrícola, las energías renovables o el comercio textil.

Este dinamismo no es marginal, sino una respuesta estructural a la falta de oportunidades en el mercado formal.

Educación, paz y apoyo institucional

Persisten obstáculos para consolidar este liderazgo. Entre ellos figura la brecha educativa, ya que la deserción escolar de las niñas continúa siendo elevada por factores como las cargas domésticas o los conflictos armados.

Las mujeres también desempeñan una función esencial como constructoras de paz. Muchas jóvenes dedican su vida, desde asociaciones cívicas, ONG y fundaciones, a encabezar movimientos pacifistas.

El reto es que los gobiernos locales apuesten por ellas y no las releguen a un segundo plano. La falta de recursos y de salarios competitivos ha contribuido durante años a la fuga de cerebros de médicos, docentes, ingenieras, economistas y enfermeras hacia otros países.

Invertir en las mujeres africanas no constituye una cuestión de justicia simbólica, sino una estrategia de desarrollo con retorno demostrado. África no necesita ser salvada desde fuera: necesita que no se obstaculice a quienes ya sostienen el continente desde dentro. Las mujeres no son una promesa de futuro, sino una realidad que ya está impulsando el cambio.

Como dice un proverbio africano: «Si educas a un hombre, educas a un individuo, pero si educas a una mujer, educas a una nación».

Gabriel González-Andrío, periodista especializado en África, y Nicole Ndongala, directora de la asociación Karibu.

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