Donald Trump encara el último mes de campaña antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato del 3 de noviembre con un panorama adverso. El presidente aspiraba a romper la tradición estadounidense según la cual el partido que ocupa la Casa Blanca pierde terreno en estos comicios, pero los sondeos dibujan una recta final complicada para los republicanos, que podrían ceder al menos una de las dos Cámaras del Congreso.
Al comienzo del año, Trump trató de movilizar a sus aliados cuestionando ese patrón histórico. «Dicen que cuando ganas la presidencia, pierdes las ‘midterm’», afirmó en enero. El mandatario calificó esa dinámica de «psicológica» y defendió que no tenía sentido, especialmente tras lo que consideró «el año más exitoso probablemente de la historia». Sin embargo, el electorado parece valorar de otra manera un mandato marcado por las turbulencias institucionales, la crisis del coste de vida y la guerra de Irán.
Qué se decide en las elecciones de noviembre
Los estadounidenses votan cada dos años para renovar el Congreso. En esta ocasión están en disputa los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio de los cien puestos del Senado.
Durante los dos últimos años, los republicanos han controlado ambas Cámaras, aunque con mayorías muy ajustadas. Esta situación permitió avanzar algunas de las prioridades legislativas de Trump, entre ellas la denominada ‘One Big Beautiful Bill’ —«Una, Grande y Hermosa»—, una amplia norma fiscal y de gasto. No obstante, el reducido margen también ha facilitado que un grupo limitado de republicanos disidentes frenara parte de la agenda presidencial.
Una victoria demócrata supondría un bloqueo legislativo para Trump, que tendría que recurrir todavía más a los decretos ejecutivos. Además, las nuevas mayorías podrían impulsar obstrucción parlamentaria, investigaciones legislativas e incluso procedimientos de ‘impeachment’, como ocurrió durante su primer mandato.
Las encuestas sitúan a los demócratas en ventaja
La Cámara de Representantes
Los demócratas necesitan recuperar solo unos pocos distritos para obtener la mayoría en la Cámara Baja. El promedio de encuestas de RealClearPolitics les otorga una ventaja genérica superior a ocho puntos en la preferencia de los votantes, un resultado que apuntaría a la recuperación del control de la Cámara.
Las previsiones les asignan al menos 220 escaños, cuando se requieren 218 para la mayoría, y les sitúan en condiciones de disputar otros 24 a los republicanos. Las plataformas de predicción Polymarket y Kalshi calculan en un 91% la probabilidad de que los demócratas recuperen la Cámara de Representantes.
Un Senado más disputado
La situación es más ajustada en el Senado. El mapa de los escaños que se renuevan favorece a los republicanos, al incluir más estados de tendencia conservadora. Para hacerse con la mayoría, los demócratas necesitan cambiar de signo cuatro escaños.
Pese a esas dificultades, podrían lograrlo mediante victorias en bastiones republicanos. Entre las opciones figuran James Talarico en Texas, donde un demócrata no gana una elección al Senado desde 1988, y Sherrod Brown en Ohio, un estado en el que Trump se impuso en 2024 por 11,2 puntos. Polymarket prevé que los demócratas terminen con 52 senadores, mientras Kalshi les concede un 63% de opciones de recuperar la mayoría.
El coste de vida y la inteligencia artificial, en el centro del voto
La versión actual de la frase «it’s the economy, stupid» se concentra en el coste de vida. La preocupación afecta a la vivienda, la cesta de la compra y el precio del combustible.
El malestar se extiende desde jóvenes de Nueva York, que llevaron al socialista Zohran Mamdani, primer alcalde musulmán de la ciudad, hasta agricultores de Iowa afectados por el encarecimiento del diésel. Otras cuestiones presentes en campaña, como el rechazo a los centros de datos o el temor a la inteligencia artificial, también tienen una dimensión económica.
La impopularidad de Trump condiciona a los republicanos
Si los votantes interpretan estas elecciones como un referéndum sobre Trump, su partido afrontará grandes dificultades para remontar. La recta final coincide con el peor momento de popularidad del presidente neoyorquino. Según la última encuesta de AP-NORC, publicada esta semana, solo el 31% de los estadounidenses aprueba su gestión, el registro más bajo de sus dos presidencias.
Sus cifras son aún peores en las cuestiones que más preocupan al electorado. En materia de coste de vida, apenas obtiene un 17% de aprobación; en economía general, el respaldo se sitúa en el 26%. Ambos datos son incluso inferiores a los peores registros de Joe Biden durante el repunte histórico de la inflación en 2022.
La guerra de Irán y sus consecuencias económicas, vinculadas a las decisiones de Trump, explican buena parte de este deterioro.
Distancia en la campaña republicana
«Por favor, haced como si yo estuviera en las papeletas», pidió Trump en un mitin celebrado a finales de agosto. En las elecciones de medio mandato de 2018, los demócratas protagonizaron una «marea azul» y recuperaron poder en el Congreso. Entonces, el presidente atribuyó la derrota republicana a que él no figuraba como candidato.
En esta campaña, sin embargo, Trump no parece ser un activo indiscutible para su partido. En las carreras más competidas, algunos republicanos lo perciben más como un lastre que como un impulso. Varios candidatos se han distanciado de él y han reclamado el fin de la guerra de Irán, que perjudica sus opciones electorales.
Un análisis de CNN revela que, de más de 500 anuncios difundidos por candidatos republicanos entre el 1 y el 15 de septiembre, únicamente 12 mencionaban a Trump. El presidente ha prometido hacer campaña en los territorios más complicados, aunque hasta ahora solo ha acudido a estados favorables para los republicanos, como Oklahoma y Alabama.
Tensión ante el proceso electoral
El recuerdo de las presidenciales de 2020 sigue presente. Tras perder aquellos comicios, Trump denunció un fraude masivo inexistente. En el último año, ha tratado de aumentar el control sobre el proceso electoral mediante medidas para limitar el voto por correo —que considera fraudulento— y para facilitar a su Gobierno el acceso a los registros de votantes, pese a que las elecciones son administradas por los estados.
Algunos temen que una derrota provoque un nuevo cuestionamiento de los resultados, e incluso una eventual invocación de la Ley de Insurrección. Trump no ha descartado esa posibilidad.
El giro del voto hispano
El voto hispano, decisivo en el regreso de Trump al poder en 2024, puede ahora complicar el tramo final de su presidencia. Según el instituto demoscópico Pew, Kamala Harris ganó el voto hispano en 2024 por solo tres puntos sobre Trump. Las encuestas actuales, en cambio, señalan que los hispanos prefieren a los candidatos demócratas frente a los republicanos por una diferencia de más de 30 puntos.
Este cambio se relaciona con la dureza de la política migratoria de Trump, especialmente con las campañas de detención y deportación indiscriminadas. Incluso figuras republicanas como la diputada de Florida María Elvira Salazar se han enfrentado al presidente por esta cuestión.
Unidad demócrata y mirada puesta en 2028
Las tensiones entre el sector izquierdista y el ala moderada del Partido Demócrata se hicieron patentes este año después de unas primarias destructivas. De ese proceso surgieron candidatos que han desplazado al partido hacia el socialismo, como Abdul el Sayed, aspirante al escaño de senador en Míchigan y posible primer musulmán en la Cámara Alta.
Aun así, los demócratas han logrado cerrar filas frente a Trump, aprovechando su impopularidad y el descontento por el coste de vida para intentar imponerse en noviembre. La tregua no eliminará, sin embargo, la división interna.
Los comicios también servirán como primer indicador de cara a las presidenciales de 2028. El vicepresidente J. D. Vance participa activamente en la campaña como antesala de una posible carrera hacia la Casa Blanca. El otro gran aspirante republicano, Marco Rubio, mantiene un perfil más discreto.
En el campo demócrata, Kamala Harris sigue activa tras su derrota de 2024, mientras que otros nombres, como el gobernador de California Gavin Newsom, han ganado presencia en estados clave. Si los republicanos superan las expectativas, Trump conservará una notable influencia en la elección de su futuro candidato. Entre los demócratas, los resultados de los aspirantes socialistas volverán a abrir el debate sobre si el partido necesita candidatos de izquierda para movilizar a sus bases o perfiles centristas capaces de atraer a independientes y moderados.










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