Pasar ocho horas al día sentado frente al ordenador puede provocar cansancio visual, dolor de espalda y cuello, además de problemas posturales y de las consecuencias asociadas al sedentarismo. Para reducir estos efectos, durante décadas se han extendido las soluciones ergonómicas en los lugares de trabajo.
Las oficinas cuentan hoy con sillas ergonómicas, soportes para situar las pantallas a una altura y distancia adecuadas, reposapiés, teclados y ratones diseñados para reducir la tensión en muñecas y dedos. También se han popularizado los escritorios de altura regulable, que permiten alternar entre trabajar sentado y de pie.
Una revisión Cochrane pone en duda sus beneficios
Aunque los beneficios de estos recursos pueden parecer evidentes entre quienes los utilizan, la ciencia no ofrece una conclusión tan clara. Una reciente revisión de Cochrane, una asociación internacional sin ánimo de lucro dedicada a evaluar la calidad y las conclusiones de investigaciones científicas, señala que hay pocas pruebas de que la ergonomía habitual en el trabajo resulte útil.
La revisión concluye que las intervenciones ergonómicas no aportan beneficios relevantes para el dolor, la capacidad funcional, la recuperación ni las bajas por enfermedad. Para llegar a esta conclusión, se analizaron 20 ensayos con la participación de 2.478 personas de distintos países.
La mayoría eran empleados que pasaban toda la jornada ante un ordenador y sufrían molestias inespecíficas relacionadas con el trabajo en brazo, cuello u hombro. Sus resultados se compararon con los de participantes que no recibían tratamiento.
“Poca o ninguna diferencia”
Estos malestares pueden estar vinculados a movimientos repetitivos, posturas inadecuadas o factores externos, como el uso de herramientas que vibran o requieren fuerza. Entre los problemas que pueden aparecer se encuentran el síndrome del túnel carpiano, lesiones del manguito de los rotadores o dolores más generales en el cuello y las extremidades superiores.
Sin embargo, estas molestias no siempre desaparecen aunque las empresas cambien el mobiliario, incorporen equipamiento específico o impartan formación en ergonomía y biomecánica.
La revisión, dirigida desde la University of Technology de Sídney, examinó si medidas concretas, como los cambios de comportamiento o el uso de teclados, sillas y escritorios ajustables, eran más eficaces que otras alternativas. Poonam Mehta, autora principal y profesora en Sídney, explicó a ABC que el objetivo era evaluar la efectividad de estas estrategias.
Los investigadores observaron que las intervenciones ergonómicas produjeron poca o ninguna diferencia en el dolor, la funcionalidad, la recuperación o las bajas por enfermedad frente a la ausencia de tratamiento. No obstante, tampoco se notificaron efectos adversos peores atribuibles a estas medidas.
Resultados limitados según el tipo de empleo
De los estudios evaluados, 13 se centraban en trabajadores de oficina u operadores informáticos. Los otros siete incluían a empleados de fábricas, operarios de máquinas de coser y trabajadores de mataderos. Por ello, Mehta considera que no pueden extraerse conclusiones generales para todos los sectores laborales.
La investigadora subraya que la certeza de la evidencia es de baja a moderada, lo que, a su juicio, refleja que el respaldo a estas intervenciones es más débil de lo que muchas personas creen. También existen resultados contradictorios en torno a la calidad de vida: un análisis detectó una reducción en el consumo de atención sanitaria, mientras otro encontró poca o ninguna diferencia.
El ejercicio físico puede ser más efectivo
Los autores consideran que las estrategias ergonómicas parecen menos eficaces que el ejercicio físico, que puede contribuir a reforzar la musculatura lumbar o a mejorar la postura. Aun así, señalan que pueden producirse beneficios pequeños en perfiles concretos, como las personas con tendinitis del manguito rotador.
El estudio recuerda que el ámbito ergonómico ha supuesto una inversión importante para las empresas. Según Mehta, la evidencia actual indica que estas medidas, por sí solas, no deberían considerarse una solución para aliviar el dolor o reducir las bajas por enfermedad a corto plazo, por lo que las compañías podrían valorar su coste.
Las lesiones por esfuerzo repetitivo también pueden causar absentismo, mayor rotación de personal, indemnizaciones y una menor productividad. Por esta razón, los autores reclaman más estudios de calidad, con un mayor número de participantes, que permitan definir mejor las estrategias ergonómicas.
Además, los estudios revisados no analizaron la recurrencia de las lesiones o molestias. El equipo de investigación de Mehta trabaja ya en una segunda parte de la revisión para determinar si las intervenciones basadas en ejercicio físico son más eficaces frente a las molestias laborales de brazos, cuello y hombros.
















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