Tres ingenieros de la startup de inteligencia artificial Axiom probaron una inusual aplicación de la IA: utilizarla para conducir un vehículo hasta el autoservicio de un restaurante en California, Estados Unidos. Para ello, se subieron a un Toyota Corolla de 2024 con un ordenador portátil y dejaron la conducción en manos de GPT-6 Astra.
Un modelo de texto al volante
Desarrollado por OpenAI, GPT-6 Astra es actualmente el modelo más potente de la compañía en el mercado. Sin embargo, su diseño está orientado a la redacción de textos y a la generación de código informático, no a la conducción de automóviles.
El sistema funcionó mediante un servidor conectado a varias cámaras situadas en el parabrisas y a la dirección asistida del vehículo. Como medida de seguridad, un conductor permaneció preparado con el pie sobre el pedal de freno. Aunque el desplazamiento fue lento, el algoritmo logró llevar el coche de forma estable hasta la ventanilla de entrega.
«Quizás la AGI ya está aquí después de todo», comentó uno de los ingenieros, en referencia a la inteligencia artificial general: aquella capaz de comprender, aprender y desempeñar cualquier tarea intelectual o cognitiva que pueda realizar un ser humano. La prueba, según plantearon, apunta a que la tecnología cuenta con una comprensión básica del mundo físico.
Decisiones en tiempo real sin entrenamiento específico
A diferencia de los vehículos autónomos convencionales, que emplean algoritmos desarrollados específicamente para conducir, GPT-6 Astra tomó decisiones en tiempo real y sin una preparación previa para esta tarea. La iniciativa nació después de que los investigadores observaran que las herramientas de IA ya son capaces de crear simulaciones tridimensionales complejas.
«Todos vivimos en el Área de la Bahía y estamos expuestos a Teslas y Waymos, así que tal vez eso influyó», explicó a Wired Aditya Ramabadran, uno de los investigadores.
En los primeros intentos, los modelos rechazaban la petición porque podían «interpretar imágenes de carreteras, pero no emitir órdenes de movimiento a un coche físico». No obstante, los ingenieros lograron que obedecieran ajustando las instrucciones.
«Esto podría ser una capacidad emergente debida simplemente a escalar la multimodalidad del modelo», señaló Simon Mahns, otro de los ingenieros. En su opinión, las compañías tecnológicas simplemente no están entrenando a estos sistemas de IA para conducir.
Pruebas previas en un circuito cerrado
Antes de circular por carretera, el equipo creó DrivingBench, un entorno de evaluación en el que la IA controla el volante, el acelerador y el freno de un Corolla dentro de un aparcamiento delimitado por conos.
Resultados de los modelos evaluados
En este recorrido cerrado, GPT-6 Astra completó el 100 % del trayecto en 5 minutos y 22 segundos. Por su parte, Claude Fable 5.1 alcanzó el 45 %, mientras que Grok se quedó en el 11 %.
«Los modelos parecían estar ajustándose o memorizando el contexto a partir de sus errores y aprendiendo a manejar mejor los controles», afirmó Ramabadran.















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