Cómo cuidar la piel durante los tratamientos oncológicos

Cómo cuidar la piel durante los tratamientos oncológicos

El cáncer es una de las enfermedades más frecuentes en España. Aunque las previsiones de la Sociedad Española de Oncología Médica apuntan a que en 2026 podrían registrarse 301.184 casos, los avances terapéuticos han mejorado progresivamente la supervivencia. Sin embargo, tratamientos como la quimioterapia, la radioterapia o la inmunoterapia pueden provocar efectos secundarios cutáneos que requieren atención especializada.

La piel es el órgano más extenso del organismo y actúa como una barrera frente a bacterias y otros agentes externos. Por ello, cualquier molestia, lesión o cambio visible debe ser valorado por un profesional, sin asumir que se trata de una consecuencia inevitable del tratamiento oncológico.

Alteraciones cutáneas según el tratamiento

Las reacciones en la piel dependen de la terapia administrada. La doctora Cristina García Millán, dermatóloga experta en piel sensible y directora de Esthea Medica, señala que la quimioterapia puede causar sequedad, tirantez, picor y enrojecimiento.

En el caso de la radioterapia, puede aparecer radiodermitis en el área tratada, con síntomas como enrojecimiento, sensación de quemazón, sequedad, descamación y, en algunas ocasiones, erosiones.

Algunas terapias dirigidas, especialmente las que actúan sobre la vía del receptor del factor de crecimiento epidérmico —frecuentes, por ejemplo, en el cáncer de pulmón metastásico—, pueden producir erupciones similares al acné, sequedad intensa, fisuras e inflamación alrededor de las uñas. Por su parte, distintas modalidades de inmunoterapia pueden desencadenar procesos inflamatorios, como eccemas generalizados, alteraciones denominadas “vitiligo-like”, parecidas al vitíligo pero con un mecanismo distinto, y otros problemas dermatológicos.

Zonas que requieren una vigilancia especial

Los efectos secundarios suelen ser más acusados en las áreas donde la barrera cutánea es más vulnerable o existe mayor roce. Según Manuela Auñón, coordinadora de Clínica y tratamientos de Palasiet Wellness Clinic, las zonas más sensibles son el rostro, los labios, el cuero cabelludo, las manos, los pies y los pliegues.

También se debe extremar el cuidado de la zona expuesta a radioterapia, que puede volverse especialmente sensible, así como de las áreas sometidas a presión o fricción. Las palmas y plantas necesitan hidratación continua cuando hay riesgo de síndrome mano-pie.

Incluso tras la pérdida de cabello, el cuero cabelludo necesita una higiene suave, hidratación adecuada y protección frente al frío y la exposición solar.

Rutina de higiene e hidratación

La mayor sensibilidad de la piel obliga a revisar los productos de uso cotidiano, desde geles y champús hasta cremas faciales y perfumes. La doctora Natalia Jiménez, dermatóloga del Grupo Pedro Jaén, recomienda utilizar pocos cosméticos, siempre suaves y adaptados a la situación de la piel.

Productos recomendados y productos que conviene evitar

En general, se aconsejan cosméticos formulados para piel sensible. Para la higiene, son apropiados limpiadores y champús que no resequen ni causen escozor. En la hidratación, pueden ser útiles fórmulas sencillas con glicerina, ceramidas o ácido hialurónico, siempre que se toleren correctamente.

Si la piel está inflamada, muy seca o presenta lesiones, es conveniente interrumpir temporalmente el uso de exfoliantes, peelings domésticos, retinoides, ácidos exfoliantes y cualquier producto que provoque escozor. También se recomienda evitar, por precaución, los perfumes y los productos con alcohol, ya que pueden incrementar la sequedad.

Las duchas deben ser breves y con agua tibia, evitando temperaturas extremas. No se aconseja emplear esponjas y, al secarse, es preferible dar toques suaves con la toalla en lugar de frotar.

La hidratación es uno de los cuidados prioritarios para aliviar el malestar y ayudar a recuperar el confort cutáneo. Existen productos destinados a piel sensible e incluso líneas específicamente diseñadas para personas con cáncer, como las de la firma francesa Même.

La fotoprotección es igualmente esencial. Los especialistas recomiendan priorizar los filtros minerales y reforzar su uso con barreras físicas, como sombreros, gafas y prendas protectoras.

Precaución con los productos naturales

García Millán advierte de que la etiqueta “natural” no garantiza que un cosmético sea seguro, ya que numerosos extractos vegetales pueden resultar sensibilizantes. En cambio, considera seguros los activos reparadores e hidratantes, entre ellos la glicerina, las ceramidas, el pantenol, el ácido hialurónico y la niacinamida a baja concentración, si se tolera.

La dermatóloga destaca la vaselina como un producto neutro que habitualmente no provoca reacciones y que ayuda a sellar la piel cuando existe una elevada pérdida de agua. Puede utilizarse en zonas concretas, como labios, párpados, contorno de las uñas o grietas en los talones, pero no en superficies extensas.

Cabello, tintes y cuidado de las uñas

La caída del cabello es habitual en algunos tratamientos contra el cáncer. Incluso cuando no se produce, el pelo puede volverse más fino y quebradizo. Por este motivo, no se aconseja recurrir a tintes, mientras que el cuero cabelludo puede presentar también sequedad, irritación y otros efectos cutáneos.

La doctora García Millán recomienda evitar las decoloraciones intensas, los alisados químicos y los procedimientos capilares agresivos, además de realizar siempre una prueba de tolerancia. Si se ha recibido radioterapia en la cabeza o el cuero cabelludo, es necesario consultarlo con el equipo médico. La recomendación es recuperar primero la salud del cuero cabelludo y de la fibra capilar antes de introducir, de forma progresiva, una coloración suave y probada previamente en una zona poco visible.

Las uñas pueden debilitarse y romperse durante los tratamientos oncológicos. Lo ideal es prescindir de esmaltes, aunque, de manera puntual y si las uñas se encuentran en buen estado, se pueden emplear esmaltes solubles en agua disponibles en farmacias.

Auñón desaconseja cortar las cutículas y usar uñas postizas, geles o acrílicos sin autorización médica, ya que podrían aumentar el riesgo de lesiones o infecciones. Además, en determinados momentos, el personal sanitario necesita valorar directamente el aspecto y la coloración de las uñas.

Tratamientos estéticos durante la enfermedad

La estética oncológica puede contribuir al bienestar emocional y a la autoestima de las personas que atraviesan la enfermedad. No obstante, los expertos aconsejan evitar los procedimientos invasivos en esta etapa.

Según Natalia Jiménez, existen tratamientos de cabina específicamente adaptados para aliviar sequedad, irritación o escozor en manos, pies y cuero cabelludo, además de cuidados faciales diseñados para estos pacientes. En cambio, opciones más agresivas como peelings, láseres estéticos, microneedling o tratamientos inyectables requieren una valoración individual y, con frecuencia, es preferible aplazarlas.

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