Europa se adentra en un largo ciclo de campañas y elecciones que puede dificultar la adopción de decisiones estratégicas en un momento marcado por la guerra, el débil crecimiento económico y la tensión geopolítica. El 5 de octubre, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, convocó elecciones anticipadas para finales de noviembre, adelantando el inicio de una sucesión de comicios nacionales que se extenderá hasta finales de 2027.
Desde Francia hasta Finlandia, pasando por Grecia, Polonia, Italia y España, más de la mitad de la población de la Unión Europea elegirá nuevos dirigentes nacionales. Este calendario ofrece a los gobiernos una razón recurrente para aplazar acuerdos complejos: esperar a que terminen las elecciones. El riesgo es una parálisis política prolongada para un continente que necesita actuar con urgencia.
Reformas pendientes ante una larga cadena de elecciones
La distancia entre las medidas que Europa reconoce como necesarias y su disposición a aplicarlas ha sido tradicionalmente amplia. Las recomendaciones para reformar la economía, aumentar las capacidades de defensa y adaptar la Unión ante una posible ampliación se han acumulado durante años, pero ahora podrían quedar relegadas.
Los responsables políticos inmersos en campañas electorales previsiblemente evitarán pactos controvertidos, como los relacionados con la necesaria profundización del mercado único de la UE. Una vez concluida una elección, comenzará otra campaña en otro país, creando una suerte de relevo constante del aplazamiento político.
Además, la incertidumbre no desaparecerá necesariamente tras el recuento. En varios países, fuerzas de la derecha populista con posiciones poco favorables a la UE podrían ganar las elecciones o convertirse en actores decisivos para formar gobierno.
Presión energética, comercial y financiera
La acumulación de problemas aumenta la necesidad de respuestas. La UE afronta el invierno con sus reservas de gas en el nivel más bajo desde 2022, cuando la invasión rusa a gran escala de Ucrania desencadenó una crisis energética que nunca terminó de desaparecer y que se ha agravado por la guerra en Irán. Los elevados precios de los combustibles han afectado duramente a los consumidores.
El modelo económico europeo también está bajo presión. Durante mucho tiempo, Europa combinó la importación de productos baratos procedentes de China con el endeudamiento estatal para financiar generosos sistemas de bienestar sin imponer una carga fiscal excesiva. Esa fórmula se está debilitando: las importaciones chinas son percibidas ahora como depredadoras por el riesgo que plantean para la industria europea.
El debate sobre China y el caso francés
El 15 de octubre, los líderes europeos se reunirán para discutir posibles medidas de defensa comercial frente a China. Al mismo tiempo, el crédito barato utilizado por algunos Estados para cubrir sus déficits ha dejado de estar disponible.
Francia se enfrenta a una contracción de su mercado de bonos, ya que los acreedores reclaman mayores rendimientos para prestar a un país que no equilibra sus cuentas públicas desde hace más de cinco décadas. Tras rechazar los superávits desde la época de la música disco, parece muy improbable que adopte disciplina fiscal antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de abril. Incluso al margen de la cita electoral, el país parece difícil de gobernar, con estudiantes que se amotinan sin un motivo aparente.
La atención cada vez más centrada en los asuntos internos también perjudica la posición europea. Mientras China y Estados Unidos compiten por el liderazgo en inteligencia artificial, Europa no dispone de ningún modelo cercano a la vanguardia. El próximo presupuesto plurianual de la UE pretende impulsar la competitividad, aunque las campañas electorales simultáneas podrían retrasar el acuerdo.
Ucrania y la necesidad de reforzar la defensa
Las numerosas votaciones son una consecuencia natural de una unión formada por democracias, pero el contexto geopolítico exige mecanismos que permitan decidir incluso durante los procesos electorales. Después de un verano en el que Ucrania pareció cambiar el rumbo de la guerra frente a Rusia, el país vuelve a sufrir ataques al acercarse el invierno.
La ayuda de la UE por valor de 90.000 millones de euros —101.000 millones de dólares— aprobada a finales de 2025 estaba prevista para durar dos años. Sin embargo, ahora parece probable que sea necesaria financiación adicional antes de lo esperado.
Vladimir Putin parece mantener objetivos que van más allá de Ucrania. Los servicios de inteligencia anticipan ataques híbridos cada vez más frecuentes, orientados a generar división dentro de la OTAN. Esta situación debería llevar a los europeos a reforzar su defensa colectiva, especialmente ante unos Estados Unidos considerados poco fiables como garantes de seguridad.
Sin embargo, Pedro Sánchez hace campaña defendiendo su negativa a avanzar en ese terreno. Durante los dos próximos meses, el debate en España estará centrado en la vivienda y, posteriormente, en la formación de una coalición que probablemente será inestable. Mientras tanto, es improbable que Rusia deje de alimentar los conflictos por la atención europea a sus asuntos internos.
El riesgo político en Francia y Polonia
La parálisis durante las campañas es solo uno de los riesgos. El otro es que los vencedores de las elecciones deshagan los planes europeos. Los comicios españoles no modificarán sustancialmente la situación de la UE, aunque previsiblemente apartarán del poder al único dirigente socialista al frente de uno de sus grandes países. Tampoco se espera que los resultados de Finlandia en abril acaparen una gran atención.
En cambio, Polonia y, especialmente, Francia podrían elegir líderes de derecha populista cuya hostilidad hacia la UE dificultaría el funcionamiento del bloque. Marine Le Pen, favorita en los sondeos franceses, propone retirar financiación a la Unión y reducir el respaldo a Ucrania.
Capacidad de reacción, pero no de iniciativa
Europa no necesita necesariamente elecciones para caer en la esclerosis: la falta de urgencia ya se hizo evidente durante el último año, pese a que hubo pocos comicios. La sucesión electoral tampoco detendrá por completo la actividad institucional. Seguirán celebrándose cumbres europeas, elaborándose normas y publicándose comunicados, y las crisis pueden concentrar la atención de los dirigentes incluso en plena campaña.
No obstante, reaccionar ante los acontecimientos no equivale a darles forma. Justo cuando Europa necesita tomar decisiones relevantes sobre defensa, competitividad, comercio y Ucrania, sus líderes corren el riesgo de refugiarse en sus posiciones partidistas y dejar de tomar decisiones durante muchos meses.















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