La crisis de rendición de cuentas en las democracias está alcanzando niveles cada vez más graves, e Israel se ha convertido en uno de sus ejemplos más significativos, aunque no sea el único.
Un resultado electoral que mantiene la incertidumbre
Las primeras elecciones celebradas después de la ofensiva terrorista del 7 de octubre de 2023 se interpretaban como una ocasión para que Benjamin Netanyahu asumiera responsabilidades que, hasta ahora, había evitado. Sin embargo, a falta de los resultados definitivos y ante la previsión de varias semanas de incertidumbre para conocer quién formará gobierno, ya se pueden extraer algunas conclusiones.
El partido del primer ministro, el Likud, ha perdido posiciones, pero ha conseguido atraer una parte importante de los votos que se esperaba que recibieran sus aliados de la extrema derecha y los partidos ultraortodoxos. Por su parte, su principal adversario, Gadi Eisenkot, no ha logrado aproximarse a la mayoría absoluta de 61 de los 120 escaños de la Knéset.
Este desenlace, ambiguo e irónico a la vez, podría dejar a Netanyahu en una posición más favorable para intentar formar gobierno. En el contexto de la fragmentada política israelí, ello implica que el primer ministro podría volver a evitar la rendición de cuentas.
Las responsabilidades pendientes del primer ministro
Netanyahu no tendría que responder por haber desatendido numerosas advertencias sobre la ofensiva de Hamás, ni por haber evitado una investigación independiente. Tampoco por su incapacidad para rescatar a los rehenes israelíes en Gaza.
Justicia, ultraortodoxos y violencia en Cisjordania
Entre los asuntos pendientes también figuran el favorecimiento de los judíos ultraortodoxos para que no cumplan sus obligaciones militares, los intentos de neutralizar al poder judicial con el objetivo de garantizar su impunidad y la falta de respuesta ante la escalada de violencia de colonos judíos contra palestinos.
Esta última dinámica está transformando Cisjordania en un parque temático del sionismo, según el planteamiento expuesto. A ello se suma una orden de detención emitida por el Tribunal Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad, además de los procedimientos judiciales por fraude, soborno y abuso de confianza.
El coste institucional para Israel
Al esquivar su responsabilidad personal, “Bibi” Netanyahu gana tiempo, pero el coste puede ser inasumible para una democracia que ha sido excepcional en Oriente Próximo. La erosión del principio de igualdad ante la ley y el impulso de un modelo de teocracia iliberal acercan a Israel al riesgo de asemejarse a las satrapías de su entorno.















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