La Europa liberal afronta una crisis de confianza y liderazgo

La Europa liberal afronta una crisis de confianza y liderazgo

Malestar social y desgaste del centrismo

La rabia por la pérdida de poder adquisitivo, la presión económica, la percepción de inacción parlamentaria y el descontento con los gobiernos centristas han alimentado una oleada de protestas en Europa. La situación recuerda a las reflexiones de George Dangerfield sobre «la extraña muerte de la Inglaterra liberal» antes de la Primera Guerra Mundial, una comparación que algunos extienden ahora al futuro de la Europa liberal.

Los incendios, saqueos, disturbios y movilizaciones masivas reflejan hasta qué punto una parte de la ciudadanía ha perdido la confianza en sus dirigentes. Francia, país con una larga tradición de manifestaciones, vivió durante el pasado fin de semana episodios de violencia especialmente graves protagonizados por grupos encapuchados y enmascarados. También se registraron protestas en Bélgica, Italia y Portugal.

El calendario electoral puede agravar el castigo a los partidos moderados. España celebrará elecciones el próximo mes, mientras que Francia y Polonia lo harán el año que viene. En Italia, la extrema derecha está ganando terreno frente a la populista Giorgia Meloni, que ha gobernado desde posiciones centristas. En la retaguardia aguardan figuras de los extremos como Marine Le Pen en Francia y Alice Weidel en Alemania.

La inmigración, un diagnóstico cuestionado

En Estados Unidos y Europa, algunos sostienen que el centro político es responsable de su propia debilidad. Donald Trump afirma que Europa arde porque sus dirigentes ignoraron sus advertencias, mantuvieron las fronteras abiertas y permitieron la llegada anual de millones de inmigrantes procedentes de Afganistán, Argelia y Siria.

Voces de la derecha MAGA, entre ellas Elon Musk, presentan el crecimiento de la población musulmana como la principal amenaza. Otros recurren a discursos apocalípticos sobre el supuesto «borrado de la civilización» o una futura guerra civil. El canciller alemán Friedrich Merz atribuyó parcialmente la reciente agitación a las elevadas tasas de inmigración y a la falta de integración de los nacidos en el extranjero. El primer ministro húngaro, Peter Magyar, ha defendido una interpretación similar.

Sin embargo, el artículo sostiene que ese análisis es erróneo cuando se trata de explicar los disturbios. Aunque muchos votantes europeos desean limitar la inmigración y el asilo, los problemas que afrontan los partidos centristas serían más complejos y difíciles de resolver.

Coste de la vida y servicios públicos

La actual agitación europea no se explicaría por razones raciales o religiosas. En Francia, más de 500.000 personas marcharon el sábado; la mayoría no ocultaba su rostro y era blanca. Como ocurre en otros países, los participantes expresaban su indignación por el coste de la vida y el deterioro de los servicios públicos. Reclaman más ayudas al combustible, mayor inversión en escuelas y más subvenciones.

El grupo más amplio podría estar próximo al populista de izquierdas Jean-Luc Mélenchon, antiguo trotskista y agitador veterano al que se compara más con Bernie Sanders que con un emir del ISIS.

Violencia organizada y falta de control

La violencia fue real, con ataques de turbas contra edificios públicos, vehículos policiales y otros objetivos. También se produjeron saqueos en comercios de lujo, como Louis Vuitton, y en pequeños establecimientos regentados por inmigrantes.

La policía no consiguió preservar el orden, después de haber sido acusada previamente de brutalidad contra estudiantes manifestantes. Según el texto, buena parte de los actos violentos fue alentada y organizada por anarquistas con una agenda política revolucionaria. Como ejemplo, cita la detención de un ciudadano francés blanco de unos treinta años tras el incendio del ayuntamiento decimonónico de Limoges.

El estrecho margen fiscal de Francia

Los centristas europeos afrontan dificultades reales, y Francia ilustra su magnitud. El primer obstáculo es el aprieto fiscal, que limita severamente la capacidad de los gobiernos para responder con eficacia.

Cuando el presidente Emmanuel Macron se enfrentó a las protestas de los chalecos amarillos en 2018 y 2019, pudo destinar miles de millones de euros para intentar contenerlas. Esa posibilidad ya no existe. Francia mantiene un gasto elevado y un crecimiento lento, de poco más del 1% anual durante el mandato de Macron.

Este otoño, los legisladores tendrán problemas para aprobar un presupuesto que reduzca el déficit en apenas 0,4 puntos porcentuales, hasta un todavía insostenible 5% del PIB. Incluso con ese ajuste, el Gobierno podría caer. El elevado endeudamiento francés y la escasa confianza de los mercados en sus políticos han llevado los diferenciales entre los bonos franceses y los alemanes a niveles no vistos desde la crisis del euro.

Pesimismo electoral y avance de los extremos

En vez de afrontar este desafío, los partidos centristas parecen haber perdido impulso e ideas. Macron fue presentado en su día como un audaz referente del centrismo radical, pero ahora la energía política se concentra en los extremos mientras el centro se repliega.

Las encuestas reflejan que más del 80% de los franceses se muestra pesimista respecto a su futuro, especialmente en materia económica. Merz es profundamente impopular y podría verse obligado a abandonar el cargo. Sus críticas a la inmigración son interpretadas como una muestra de su incapacidad para encontrar el discurso y las propuestas necesarias para vencer a Weidel y a Alternativa para Alemania.

El panorama electoral apunta a derrotas relevantes para el centrismo. Los sondeos indican que Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español de centroizquierda, podría ser reemplazado pronto por una coalición de centroderecha y derecha populista.

En Francia, los disturbios y la idea de que los inmigrantes fueron responsables de ellos podrían impulsar a Marine Le Pen, líder de la formación populista de derechas Agrupación Nacional, hacia la Presidencia en mayo. Según las encuestas, la violencia elevó su respaldo esta semana. Mientras Macron viajaba en avión hacia el Golfo, Le Pen pronunciaba un discurso de tono presidencial centrado en la exigencia de orden público.

Una advertencia para la Unión Europea

La violencia en Francia debería obligar a los centristas a afrontar las consecuencias de sus fracasos, en lugar de ignorar la realidad. Si sus países caen en conflictos, perderán el poder; y, si lo pierden, la Unión Europea se debilitará mientras el resto del mundo avanza.

El texto advierte de que una paralización de los mercados de bonos podría provocar contagio financiero. También sostiene que, si los países de la UE ceden ante Vladimir Putin, este se volverá todavía más agresivo. A diferencia de la época descrita por Dangerfield, los liberales actuales, concluye, no pueden alegar que desconocían la catástrofe que se aproximaba.

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