Un tren detenido a escasa distancia de la colisión
Karen, una sevillana de 30 años, aún recuerda con escalofríos la mañana en que el tren en el que viajaba quedó parado a apenas 500 metros del lugar donde un Iryo y un AVE colisionaron en la provincia de Toledo. «Por unos segundos no impactaron los tres», afirma.
La joven viajaba por trabajo desde Sevilla a Madrid y, además, tenía a su amiga Marta en uno de los convoyes afectados. Karen no deja de pensar que, si su tren no se hubiera detenido, también podría haber acabado implicado en el accidente. «Podría haber sido mucho peor», sostiene.
Un retraso que evitó una situación aún más grave
Karen había salido de la estación de Santa Justa a las 6.05 horas con destino a Madrid. Cuando ocurrió el accidente, a las 8.53 horas, debía haber llegado ya a Puerta de Atocha. Sin embargo, el tren acumulaba retraso.
Durante el recorrido, el convoy se detuvo en una primera ocasión y posteriormente reanudó la marcha. «Supongo que por el mismo sistema por el que se paró el Iryo», explica. Más adelante volvió a detenerse, esta vez de forma definitiva. La electricidad se cortó en todos los vagones y el personal recorrió el tren para informar a los pasajeros de que «no había luz en la catenaria».
En ese momento, los viajeros todavía desconocían que, delante de ellos, un AVE procedente de Madrid había chocado contra un Iryo que también venía de Atocha. «No sabíamos qué había pasado, ni el propio maquinista», relata Karen.
La búsqueda de su amiga Marta
Mientras esperaban noticias, Karen se dirigió a la cafetería del tren. Su asiento estaba situado en el último vagón y, tras el accidente de Adamuz, le producía temor permanecer en la parte trasera de un convoy detenido. «Me daba mucho miedo estar allí en un tren parado», señala.
Ya en la cafetería, consultó el localizador de contactos de su teléfono para comprobar si alguna persona conocida viajaba en el mismo trayecto. Entonces descubrió que su amiga Marta estaba muy cerca. Al principio pensó que viajaba en su mismo tren y le escribió para que se reunieran, pero los mensajes no llegaban.
Poco después comenzaron a recibir llamadas de familiares y conocidos que preguntaban por los pasajeros. Fue entonces cuando Karen entendió que Marta podía encontrarse en uno de los trenes accidentados. Ante la falta de respuesta, su preocupación aumentó.
Marta salió por la ventana del vagón
Marta viajaba en el vagón 6 del AVE Madrid-Sevilla que chocó contra el Iryo e invadió la vía contraria. Tuvo que salir por una de las ventanas y, según cuenta Karen, tardó al menos diez minutos en lograrlo.
La superviviente quería abandonar el vagón cuanto antes por temor a que llegara otro tren de frente. «Si nuestro tren no se hubiera detenido, no le habría dado tiempo a salir del vagón. Habría sido muchísimo peor», recalca Karen. Tras escapar, Marta ayudó a otras personas a salir del vagón 7 y «vio cosas horribles», según el testimonio de su amiga.
Quince horas para regresar a Sevilla
Finalmente, ambas pudieron hablar. Karen sintió alivio al saber que Marta solo había sufrido heridas leves, aunque todavía no era plenamente consciente de todo lo ocurrido. Su amiga continúa «muy traumada» por la experiencia.
Karen permaneció en el tren durante horas, hasta las 14.15 horas, cuando llegaron autobuses para recoger a los viajeros que habían quedado retenidos. Destaca el trato recibido por parte de la tripulación y la ayuda de vecinos de la zona, que llevaron comida y bebida.
El traslado la llevó primero a Ciudad Real, después a Córdoba y, finalmente, pudo completar el trayecto en tren hasta Sevilla. Llegó cerca de las nueve de la noche, casi quince horas después de haber partido de Santa Justa.
«Lo que más me impactaba era lo cerca que estaba y que por segundos no nos habíamos encontrado los tres trenes», insiste Karen días después del accidente.
















Deja una respuesta