El escritor, empresario y filántropo argentino, galardonado en la Semana de la Hispanidad con el Premio “Madrid, Capital de Iberoamérica”, aboga por un uso responsable de la tecnología que no prive a niños y adolescentes de experiencias fundamentales para su desarrollo.
La relación de niños y adolescentes con las pantallas se ha convertido en uno de los principales focos de reflexión de Alejandro G. Roemmers. El escritor, empresario y filántropo argentino (Buenos Aires, 1958), que el pasado 15 de octubre recibió en los Jardines de Cecilio Rodríguez el Premio “Madrid, Capital de Iberoamérica” en la categoría de Iniciativa Cultural, en reconocimiento a su trayectoria y a su compromiso con la cultura y el desarrollo humano, ha abordado esta cuestión en el documental Adictos a la pantalla. En él plantea una posición equilibrada: la tecnología no debe demonizarse, pero su evolución ha superado la capacidad social para comprender sus consecuencias, lo que hace necesario establecer límites y recuperar el control sobre la atención y el tiempo.
El análisis de Alejandro G. Roemmers sobre el impacto de las pantallas
El autor sostiene que el problema no puede valorarse únicamente en función de las horas de uso. A su juicio, la cuestión determinante es qué experiencias quedan desplazadas durante ese tiempo, como la conversación, el juego, la lectura, la imaginación o el propio aburrimiento, especialmente relevantes en unas etapas en las que se construyen la personalidad y la autoestima. “El tiempo que entregamos a una pantalla siempre es también tiempo que dejamos de dedicar a otra cosa”, afirma.
Asimismo, Roemmers considera que en el futuro se observarán con sorpresa hábitos hoy normalizados, como consultar el teléfono al despertar y antes de dormir o interrumpir una conversación para atender una notificación. En su opinión, el aumento de los canales de comunicación no ha ido acompañado de una mejora en la capacidad de encuentro entre las personas, y advierte del riesgo de confundir conexión con comunicación.
Regulación y educación digital, una responsabilidad compartida
Respecto al debate sobre una edad mínima más estricta para el acceso a redes sociales o la limitación legal de los smartphones entre menores, Alejandro Roemmers considera necesario abordarlo con rigor. Entiende que determinados límites pueden ser razonables, dado que en la infancia la libertad debe ir acompañada de protección, si bien subraya que ninguna prohibición resolverá el problema por sí sola.
En este sentido, defiende la educación digital como herramienta clave para que los adolescentes comprendan el funcionamiento de las plataformas que utilizan, los mecanismos que captan su atención, las consecuencias de lo que comparten y la importancia de proteger su privacidad y su autoestima. Una tarea que, según señala, implica a familias, centros educativos, administraciones y empresas tecnológicas, y en la que el ejemplo de los adultos resulta determinante, ya que los jóvenes aprenden más de lo que observan que de lo que se les dice.
La lectura como espacio de concentración
El fomento de la lectura completa su propuesta. Aunque reconoce que el libro compite en desventaja con las redes sociales por la atención de los jóvenes, el autor considera que precisamente ahí reside su valor: leer exige detenerse, concentrarse e imaginar, y aporta una profundidad especialmente necesaria en un contexto marcado por la inmediatez.
Con esa convicción, Roemmers ha publicado El regreso del joven príncipe y El joven príncipe señala el camino, dos obras que abordan valores universales como la amistad, los sueños, la generosidad o el sentido de la vida a través de relatos accesibles. Su planteamiento parte de la idea de que la lectura debe descubrirse como fuente de placer y curiosidad, y no imponerse como una obligación.
Una mirada optimista hacia las nuevas generaciones
Pese a advertir del riesgo de que la hiperestimulación prive a los jóvenes del silencio, la conversación profunda o la capacidad de concentración, el escritor expresa su confianza en una generación con una notable sensibilidad hacia las cuestiones sociales, medioambientales y humanas, y con herramientas sin precedentes a su alcance. El reto, concluye, consiste en enseñarles que “la tecnología debe ser una herramienta en sus manos, no convertirlos a ellos en una herramienta de la tecnología”.
Esta reflexión se enmarca en una trayectoria que Alejandro G. Roemmers vincula al amor como hilo conductor, entendido como un compromiso que debe traducirse en acciones concretas. Un compromiso que ahora reconoce el Premio “Madrid, Capital de Iberoamérica” y que se suma al Premio San Francisco de Asís recibido este mismo año.
















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