Trump afronta unas elecciones de medio mandato con los demócratas al alza

Trump afronta unas elecciones de medio mandato con los demócratas al alza

Unas elecciones que medirán el respaldo a Trump

Abdul el Sayed, candidato demócrata al Senado por Míchigan, respondió con un rotundo «sin duda» cuando ABC le preguntó si era optimista ante la jornada electoral del martes. El Sayed, que aspira a convertirse en el primer musulmán en el Senado de Estados Unidos, acudía a uno de sus últimos actos de campaña en el campus de la Universidad de Míchigan Oriental, en Ypsilanti, a una hora de Detroit.

La confianza del candidato y de los asistentes a su mitin refleja el estado de ánimo con el que el Partido Demócrata llega a las elecciones de mitad de mandato, las conocidas como midterms. En esta cita, Estados Unidos renovará por completo la Cámara de Representantes, elegirá un tercio del Senado, designará a 36 gobernadores estatales y cubrirá decenas de miles de puestos regionales y locales.

Los sectores más confiados de los demócratas prevén un posible «tsunami azul», una sucesión de victorias que modificaría el equilibrio político del país. Los republicanos conservan mayorías, aunque reducidas, en el Congreso, mientras que los sondeos indican que los demócratas obtendrán la Cámara de Representantes.

Históricamente, las elecciones de mitad de mandato suelen castigar al partido que ocupa la Casa Blanca. Los demócratas perdieron 54 escaños en la Cámara Baja en 1994, dos años después de la llegada de Bill Clinton a la Presidencia, y otros 63 en 2010, tras la histórica victoria de Barack Obama. Donald Trump también vivió esta dinámica en 2018, cuando los republicanos cedieron 40 escaños. La pugna por el Senado, sin embargo, se presenta mucho más ajustada: la única certeza es que la mayoría final será muy estrecha.

Un plebiscito sobre el presidente y el trumpismo

Estas midterms serán, sobre todo, un examen para Donald Trump y para el trumpismo, que controla el Partido Republicano desde que el multimillonario neoyorquino irrumpió en la política en 2016. Aunque Trump no figura en las papeletas y no podrá volver a hacerlo —su segundo mandato concluye dentro de poco más de dos años y la Constitución impide una tercera Presidencia—, el mandatario ha pedido repetidamente a sus seguidores que actúen «como si estuviera en las papeletas».

El presidente ha transformado así los comicios legislativos en un plebiscito sobre su gestión. Llega a la votación con su popularidad en el nivel más bajo de su mandato y con encuestas que sitúan su aprobación en torno al 30%. Le perjudica el aumento del precio del combustible, que los ciudadanos vinculan directamente con la guerra de Irán, impulsada por su Administración. A ello se suma un malestar económico más amplio, relacionado con el coste de la vida, las dificultades de acceso a la vivienda y la sensación de que se vive peor que antes.

Epstein, aranceles, inmigración e inteligencia artificial

Trump también arrastra otras crisis durante su segundo mandato. Entre ellas están el escándalo de Jeffrey Epstein y la divulgación de sus documentos; las consecuencias de la guerra arancelaria, convertida en un punto débil para los republicanos en numerosos territorios; y los excesos de su política migratoria, incluidas detenciones indiscriminadas y la muerte de dos ciudadanos en Mineápolis a comienzos de año.

Asimismo, su respaldo a la inteligencia artificial y a la expansión de los centros de datos ha generado un rechazo que une a demócratas y republicanos. Pese al contexto adverso, Trump no ha permanecido en la Casa Blanca ni ha tratado de desligarse de un posible revés electoral. Por el contrario, se ha implicado de lleno con una intensa recta final de decenas de mítines por todo el país, con el objetivo de movilizar a su electorado ante el temor republicano de que muchos votantes se abstengan por la evolución de la economía.

La disputa por el Senado concentra la atención

En Míchigan, en Estados Unidos y fuera del país, buena parte de la atención estará centrada en la lucha por el Senado, una institución de gran relevancia para la política internacional. Sobre el papel, estas elecciones debían favorecer a los republicanos, ya que la mayoría de los escaños en juego se encuentran en estados de sólida tradición conservadora.

Sin embargo, ahí reside el problema para Trump y su partido: sus candidatos tienen dificultades en territorios que los republicanos han dominado durante décadas y donde su influencia se reforzó especialmente durante el trumpismo.

En Kansas, estado que no ha elegido a un senador demócrata desde 1932, el pastor progresista Andrew Hamilton podría derrotar al republicano Roger Marshall. Una situación parecida se da en Texas, donde los demócratas no ganan una elección al Senado desde 1988. Ahora, James Talarico compite contra Ken Paxton, un firme aliado de Trump.

Los sondeos impulsan a los demócratas

El optimismo demócrata se apoya en las últimas encuestas. Desde el domingo se han difundido ampliamente los estudios de The New York Times y Siena College, que daban ventaja a los demócratas en las siete carreras decisivas para el Senado: Míchigan, Texas, Maine, Ohio, Kansas, Alaska e Iowa. En Iowa, la diferencia era mínima y se mantenía dentro del empate técnico; en Míchigan, en cambio, alcanzaba los once puntos.

Cientos de sondeos han otorgado ventaja a los demócratas y han dibujado una perspectiva cada vez más favorable para ellos en la Cámara Alta. Para recuperar el Senado necesitan conquistar cuatro escaños actualmente republicanos. Todo apunta a que podrían lograr uno en Carolina del Norte, donde las encuestas dan por segura la victoria del exgobernador Roy Cooper.

Queda por comprobar si las encuestas aciertan en el resto de los enfrentamientos, donde se acumulan las dificultades para Trump y los republicanos: la pérdida de respaldo entre los votantes hispanos en Texas, el precio del diésel en estados rurales como Iowa y Kansas, y el encarecimiento del coste de la vida en todos esos territorios.

La principal esperanza del presidente y de sus aliados es que los sondeos vuelvan a fallar. En las últimas elecciones de mitad de mandato fueron precisos, pero se han equivocado de forma notable cuando Trump figuraba en las papeletas: en sus tres elecciones presidenciales infravaloraron su apoyo real.

Míchigan, la carrera más tensa para los demócratas

El único escaño que los demócratas podrían perder es el de Míchigan, donde la ventaja demoscópica no ha reducido la inquietud. «Estoy muy nerviosa, hasta que no haya resultados no estaré tranquila», explicó en la víspera Lisa, una votante veterana.

Parte de esa tensión procede de la campaña de El Sayed. Haley Stevens, diputada demócrata y rival del candidato musulmán en las primarias, anunció el domingo que retiraba su respaldo a El Sayed para apoyar al republicano Mike Rogers. El trasfondo es una división interna demócrata: la posición crítica de El Sayed respecto a Israel, que aleja a votantes judíos y genera incomodidad entre moderados e independientes. Consultado sobre la decisión de Stevens, El Sayed se limitó a pedir: «Id a votar».

El recuento, posible foco de conflicto

La mayor tensión puede comenzar una vez cerradas las urnas. Si los resultados son estrechos, el escrutinio podría prolongarse durante horas o incluso días. Como ya ocurrió en elecciones anteriores, esa demora podría servir a Trump para denunciar un supuesto «robo electoral».

El presidente ya formuló esa acusación tras su derrota frente a Joe Biden en 2020, pese a que ni los tribunales ni las propias autoridades republicanas hallaron pruebas de fraude masivo.

También es probable una cascada de demandas vinculadas al recuento, un proceso que ya ha empezado antes de los comicios. La Administración Trump ha solicitado al Tribunal Supremo que elimine 20.000 votos por correo en California, mientras que el Departamento de Justicia ha abierto una investigación contra un candidato en Alaska que comparte nombre con el aspirante republicano, en lo que considera una maniobra demócrata para confundir a los electores.

Trump ha afirmado que solo aceptará los resultados si se celebran «elecciones honestas». Sus palabras anticipan otro recuento conflictivo, en un contexto en el que el trumpismo sigue sacudiendo los cimientos de la democracia estadounidense.

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