Carlos Alcaraz cerró una semana sobresaliente con la conquista del ATP 500 de Viena, el cuarto título de su temporada. El tenista murciano superó con autoridad a Alex de Miñaur, número 10 del mundo y de 27 años, por 6-1 y 6-4 en la final. El triunfo le aporta la confianza, el ritmo y el rodaje que buscaba antes de afrontar el último mes de competición.
Tras el torneo austriaco, Alcaraz centrará sus objetivos en el Masters 1.000 de París, las ATP Finals y la Copa Davis.
Un inicio arrollador ante De Miñaur
Pese a cometer seis errores de revés en los dos primeros juegos, Alcaraz transmitió pronto sensaciones muy favorables. Se mostró firme con la derecha, agresivo al resto desde la línea de fondo y capaz de modificar las direcciones del juego a voluntad ante un De Miñaur condicionado por el desgaste de la semifinal del sábado frente a Alexander Zverev, resuelta por el alemán por 6-4, 1-6 y 7-6 (4).
El español castigó de forma constante al australiano. Incluso cuando De Miñaur parecía controlar los intercambios, Alcaraz encontraba golpes decisivos, como un revés cruzado que dejó sin respuesta a su rival. El segundo break de la final situó el marcador en 4-0 y evidenció la creciente frustración del australiano.
De Miñaur intentó reaccionar en una fase decisiva de la temporada para sus aspiraciones de acceder a la Copa de Maestros. Logró un porcentaje cercano al 80 % de primeros servicios y buscó las esquinas desde el fondo de la pista, pero no fue suficiente ante un Alcaraz rapidísimo en los desplazamientos y muy sólido en defensa.
El murciano forzó numerosos errores de su rival, con un balance de 18-9 en el primer set, y cerró la manga al resto en su segunda oportunidad de set.
La competición que necesitaba para recuperar su mejor nivel
Alcaraz había llegado a Viena reconociendo que todavía no se encontraba en el nivel deseado. «Todavía estoy lejos del nivel que quiero. Necesito competir, necesito torneos, necesito ritmo», afirmó antes de comenzar el torneo, después de una lesión que le mantuvo apartado de las pistas durante casi cinco meses.
Su vuelta a la competición había sido progresiva: alcanzó los cuartos de final del US Open, ganó en Tokio y cayó en segunda ronda del Masters 1.000 de Shanghái. En Viena, sin embargo, encontró el camino que buscaba.
Una semana de exigencia y crecimiento
El título se cimentó en una sucesión de partidos de diferente exigencia. Alcaraz sufrió ante Khachanov en primera ronda, al que venció por 6-4 y 7-6 (5); alternó luces y sombras frente a Basilashvili, con triunfo por 6-1 y 7-6 (11); exhibió firmeza ante Paul, por 6-4 y 7-6 (2), y ganó confianza frente a Medvedev, también por 6-4 y 7-6 (2).
Con ese recorrido, el murciano elevó su nivel en la final. De Miñaur trató de resistir con carreras, golpes angulados, mayor potencia cuando tenía oportunidad y subidas a la red, pero cada peloteo y cada turno de servicio le exigían un enorme esfuerzo.
Un cierre agresivo para levantar el trofeo
Alcaraz, en cambio, resolvía sus juegos de saque con muy poco desgaste gracias a un servicio eficaz y al control del ritmo del partido. Ni siquiera el intento final de presión de De Miñaur, ya sin margen de error, alteró la seguridad del español.
Con 5-4 en el segundo set, Alcaraz atacó al resto para desequilibrar definitivamente a su adversario. De Miñaur resistió dos puntos, pero acabó cediendo ante otro error forzado. El murciano aprovechó la oportunidad para sellar el título con una secuencia característica: dejada, volea y derechazo.
La victoria en Viena confirma que Alcaraz ha recuperado confianza, ritmo y competitividad para afrontar el cierre de la temporada en París, Turín y Bolonia.















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