La Iglesia mantiene su funcionamiento cuando el Papa es hospitalizado, pero no hay sustituto temporal

La Iglesia mantiene su funcionamiento cuando el Papa es hospitalizado, pero no hay sustituto temporal

El ingreso de León XIV en el Hospital Policlínico Agostino Gemelli para someterse a una operación en la que se le extirpará un nódulo pulmonar vuelve a plantear una cuestión recurrente: quién dirige la Iglesia mientras el Pontífice está en el quirófano, bajo anestesia o recuperándose de una intervención.

La respuesta es que el Papa no es reemplazado. No existe la figura de un vicepapa ni de un regente que asuma de manera provisional sus competencias durante una hospitalización o una incapacidad temporal provocada por la medicación postoperatoria.

La diferencia entre sede vacante y sede impedida

Para entender esta situación es necesario distinguir entre sede vacante y sede impedida. La sede vacante está regulada por la constitución Universi dominici gregis y solo se produce tras el fallecimiento o la renuncia de un Papa. Por tanto, una hospitalización no activa este mecanismo.

Tampoco supone automáticamente una sede impedida. No obstante, en estos casos opera como criterio general el principio de nihil innovetur, recogido por el Código de Derecho Canónico, según el cual «nada se ha de innovar en el régimen de la Iglesia universal».

La normativa canónica sí desarrolla la situación de un obispo que, por «cautiverio, relegación, destierro o incapacidad», queda totalmente imposibilitado para ejercer su misión pastoral en una diócesis. En esos supuestos establece quién debe ejercer el gobierno diocesano hasta que se restablezca la situación. Sin embargo, no existe una regulación equivalente y específica para una incapacidad temporal del Papa.

La Curia continúa su trabajo conforme a las orientaciones papales

El Pontífice sigue siendo Papa durante la intervención y la convalecencia. La pérdida temporal de conciencia derivada de la anestesia o el aislamiento durante el ingreso no implica un traspaso de poderes, aunque determinadas decisiones deben esperar a que pueda volver a intervenir directamente.

La actividad de la Curia romana no se detiene, ya que los dicasterios trabajan conforme a las orientaciones previamente fijadas por el Pontífice. Esta práctica se conoce como ad mentem Papae, una expresión que alude a tomar las decisiones que se considera que el Papa habría adoptado. Sin embargo, los asuntos de especial relevancia no pueden resolverse sin su aprobación.

Un alto cargo vaticano explicó a ABC que los departamentos del Vaticano cuentan con una amplia autonomía y disponen de sus propios planes de trabajo. «En la Curia no existe un órgano de gobierno equivalente al consejo de ministros. Cada dicasterio tiene un plan propio de trabajo gestionado autónomamente. En este sentido el trabajo sigue y no se para», señaló.

El mismo responsable precisó que la actividad cotidiana de los funcionarios vaticanos no cambia, pero sí se aplazan los asuntos que requieren una actuación directa del Santo Padre. Desde su hospitalización no hay audiencias y algunas cuestiones quedan pendientes de consulta hasta su recuperación.

El papel de Pietro Parolin ante las decisiones urgentes

Dentro de la estructura vaticana, la Secretaría de Estado afronta las decisiones urgentes cuando no es posible consultar al Pontífice. Por ello, el secretario de Estado, Pietro Parolin, adquiere de nuevo un papel destacado, como ya ocurrió hace un año y medio durante la hospitalización del Papa Francisco.

Sin embargo, esta función no convierte a Parolin en sustituto del Papa. La constitución apostólica Praedicate Evangelium, promulgada por Francisco en 2022 para regular el funcionamiento de la Curia, establece que las decisiones más importantes —como los nombramientos episcopales, las reformas o la firma de actos legislativos— deben contar con la aprobación del Pontífice.

Durante el ingreso de Francisco en el Gemelli, Parolin fue uno de los pocos responsables vaticanos que lo visitó regularmente para tratar los asuntos más relevantes.

El decano del Colegio Cardenalicio y el camarlengo no sustituyen al Pontífice

Luis Antonio Tagle, nuevo decano

En un plano de prestigio, pero sin una función jerárquica de sustitución, se sitúan el decano del Colegio de Cardenales y el camarlengo. La semana pasada, posiblemente ya conocedor de la proximidad de la intervención, León XIV aceptó la renuncia de Giovanni Battista Re, de 92 años, y nombró como nuevo decano al cardenal filipino Luis Antonio Tagle, de 69 años.

El nombramiento sitúa a Tagle como el cardenal con mayor presencia y proyección, especialmente después de que León XIV reforzara el papel operativo de los purpurados en el gobierno de la Iglesia y comenzara a convocarlos periódicamente para realizar consultas. Su misión será estratégica para facilitar el contacto entre el Papa y los cardenales.

Sus competencias son especialmente relevantes durante una sede vacante: le corresponde celebrar el funeral del Pontífice, dirigir el cónclave y preguntar al candidato que haya recibido al menos dos tercios de los votos en la Capilla Sixtina si acepta suceder a San Pedro. En una situación de sede impedida, en cambio, el decano no recibe poderes de sustitución.

Las funciones de Kevin Farrell

La misma limitación afecta al camarlengo, cargo que ocupa actualmente Kevin Farrell. Sus atribuciones específicas se activan únicamente cuando muere el Pontífice o cuando entra en vigor una renuncia efectiva. En ese escenario, debe custodiar las decisiones que el Papa hubiera dispuesto para ese momento y administrar los bienes temporales del Vaticano.

Una operación o un ingreso hospitalario no activa esas funciones ni abre un periodo de sede vacante.

Las decisiones de León XIV antes de la intervención

Las decisiones comunicadas antes del ingreso de León XIV reflejan la continuidad del gobierno de la Iglesia. Aunque se ha suspendido su agenda de la próxima semana, el Pontífice encargó al cardenal Luis Antonio Tagle presidir una celebración.

Además, solicitó que el informe del encuentro sobre Amoris laetitia espere a su revisión después de la hospitalización. Según Vatican News, el Papa quiere conocer los materiales y expresar su parecer. De este modo, sus colaboradores atienden los compromisos que les han sido encomendados, mientras ese documento permanece pendiente de la intervención del Pontífice cuando se recupere.

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