Hazle Township, una localidad de unos 10.000 habitantes del noreste de Pensilvania, se ha convertido en uno de los focos de oposición ciudadana a la expansión de los centros de datos en Estados Unidos. Los vecinos rechazan Project Hazelnut, el proyecto de NorthPoint para construir un enorme complejo destinado a Amazon, y consideran un intento de comprar su apoyo la oferta de 10.000 dólares por vivienda.
Un proyecto de quince plantas junto a zonas residenciales
La movilización vecinal logró el año pasado que las autoridades rechazaran el plan, que contempla levantar quince plantas de procesamiento de datos entre áreas residenciales. Tras esa decisión, NorthPoint planteó entregar 10.000 dólares —8.975 euros— a cada domicilio y destinar 165 millones de dólares —148 millones de euros— a proyectos y becas en el municipio.
Para Nate Eachus, antiguo jugador de los Kansas City Chiefs de la liga nacional de rugby (NFL), la propuesta es inaceptable. «Es un soborno», afirma. «La comunidad se ha opuesto. Aquí ese intento de soborno no ha sentado bien a nadie. La gente es más lista de lo que ellos creían. No vamos a permitir que nos hagan tragar con un centro de datos».
La disputa refleja una contestación más amplia en Estados Unidos contra unas instalaciones esenciales para la industria tecnológica y para el crecimiento de la inteligencia artificial. En comunidades de Arizona, Virginia, Ohio y Míchigan también se han registrado protestas contra este tipo de infraestructuras.
Ruido, agua, electricidad y viviendas: las razones de los vecinos
Los residentes de Hazle Township citan varios motivos para rechazar el complejo: el ruido de los procesadores, el elevado consumo de agua en una zona con problemas de abastecimiento, la presión sobre la red eléctrica, el impacto medioambiental y la posible pérdida de valor de las propiedades. Para ellos, no es igual vivir rodeado de bosque que junto a un centro de datos.
NorthPoint rechaza que el proyecto vaya a provocar esos daños. La empresa asegura que cumplirá toda la regulación medioambiental, promete cientos de empleos y sostiene que el ruido de los procesadores será, como máximo, «como el de un lavavajillas en la habitación de al lado». También afirma que está «construyendo el futuro digital de forma responsable» y que sitúa a la comunidad de Hazle Township «primero».
El recuerdo de la industria minera
Shawn Yearick, otro de los vecinos, expresa su desconfianza basándose en el pasado minero de la zona. «Prometieron la luna: muy buenos empleos, todo iría fenomenal. Pero no fue así. No había seguridad, mucha gente murió o enfermó trabajando y las minas acabaron por cerrar», señala. Por ello, asegura que los residentes reciben con escepticismo las promesas de una nueva industria.
«Nada de lo que dicen es verdad», sostiene sobre la compañía. Y añade que los 10.000 dólares son «un insulto».
La tensión también se evidenció durante una sesión pública del Consejo de Supervisores, el órgano ejecutivo municipal. La sala se llenó y varios vecinos no pudieron entrar. Aunque el asunto tratado era un cambio regulatorio para construir almacenes en una parcela de gran tamaño, los asistentes temían que acabara utilizándose para centros de datos. Los tres supervisores votaron contra la modificación y la decisión fue recibida con una ovación.
Sin embargo, la batalla sigue abierta: NorthPoint ha recurrido a los tribunales el rechazo municipal al proyecto.
Expropiaciones y un conflicto con efecto electoral
John Zola, otro de los opositores, vive a pocos kilómetros del lugar elegido para el centro de datos. Por su terreno, donde cuenta con una pequeña explotación de unas 300 manzanas y una zona de bosque, está previsto que pase la línea de alta tensión que alimentaría Project Hazelnut. Si el plan avanza, su propiedad será expropiada.
Zola considera que el pago de 10.000 dólares fue una «estrategia a la desesperada». «No lo ofrecieron hasta que se les denegó el permiso», explica. Según afirma, la compañía ni siquiera asumiría directamente ese desembolso, ya que obtendría diez años de exenciones fiscales.
El vecino insiste en que la oposición trasciende las siglas partidistas. «En esta zona, el 90% de los vecinos son republicanos. Pero van a votar a quien sea que esté en contra del centro de datos», advierte.
La cuestión cobra especial relevancia ante las elecciones de medio mandato. Los republicanos ponen en juego sus mayorías en el Congreso y, si pierden poder como anticipan las encuestas, los demócratas podrán dificultar los dos últimos años de mandato del presidente Donald Trump. En estados decisivos, conflictos como el de Hazle Township pueden tener peso político.
Christopher Borick, profesor de Ciencias Políticas del cercano Muhlenberg College, señala que la oposición a los centros de datos está creciendo en todo el país, especialmente en territorios como este. A su juicio, los republicanos pueden ser los más perjudicados porque el descontento se dirige contra el partido que ocupa el poder, al tiempo que puede movilizar a votantes demócratas.
El rechazo a los centros de datos crece en Estados Unidos
Hace un año, una encuesta de Heatmap mostraba una opinión dividida: el 44% de los estadounidenses apoyaba construir centros de datos y el 42% se oponía. Tras las protestas registradas en distintos puntos del país, un sondeo de ABC News/Washington Post/Ipsos sitúa ahora la oposición en el 66%. El porcentaje sube hasta el 72% cuando la instalación se plantea en la propia comunidad del encuestado.
Trump, que ha defendido la inteligencia artificial como una cuestión de seguridad nacional y ha subrayado la necesidad de competir con China, ha resumido su postura con una advertencia: «Quien gane en IA, ganará». Al mismo tiempo, ante la oleada de protestas, ha recomendado que las personas afectadas reciban «dividendos» de estos proyectos.
Desconfianza hacia la IA y desigualdad
NorthPoint organizó una reunión informativa en una escuela local para exponer las ventajas de su iniciativa. Dos asistentes, Jo Gulvas y Doriana Delorbe, se mostraron favorables a las compensaciones. Gulvas valoró positivamente la oferta de 10.000 dólares y dijo que la compañía está haciendo un gran trabajo para actuar de forma responsable.
No obstante, ambas reconocieron que no viven en Hazle Township —que limita con la pequeña ciudad de Hazleton— y admitieron que su opinión podría ser distinta si el complejo se construyera frente a sus casas.
La mayoría de los asistentes recorrió con escepticismo los paneles informativos instalados por la empresa en el polideportivo escolar. Algunos cuestionaron los datos de NorthPoint, reprocharon a sus representantes la falta de transparencia y señalaron que estos proyectos generan pocos empleos a largo plazo.
El conflicto se desarrolla en un contexto de creciente recelo hacia la IA, alimentado por las advertencias sobre sus consecuencias futuras y por el aumento de la desigualdad en Estados Unidos. Mientras el megacentro de Hazle Township contribuiría al auge de la inteligencia artificial, los vecinos que temen asumir sus efectos negativos se preguntan qué obtendrán a cambio.
















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