Alemania y Francia pactan flexibilizar el futuro de los motores de combustión en la Unión Europea

Alemania y Francia pactan flexibilizar el futuro de los motores de combustión en la Unión Europea

Alemania y Francia han alcanzado un acuerdo para desbloquear la flexibilización de las normas europeas sobre los motores de combustión interna más allá de 2035. El entendimiento llega diez meses después de que la Comisión Europea presentara sus propuestas y permitirá avanzar también en la ley de Aceleradores de la Industria, hasta ahora bloqueada por ambos países.

Un pacto entre flexibilidad tecnológica y protección industrial

El acuerdo contempla concesiones por parte de París y Berlín, que presentarán un documento de posición conjunta en la próxima cumbre de la Unión Europea. El objetivo es garantizar la continuidad de tecnologías europeas vinculadas a la combustión, al tiempo que se refuerza la protección de la industria comunitaria frente a la competencia china.

El presidente francés, Emmanuel Macron, abandona su oposición a flexibilizar las restricciones sobre la circulación y comercialización de vehículos de combustión después de 2035. Por su parte, Alemania reclama una mayor apertura tecnológica. Fuentes del Gobierno alemán en Berlín resumen esta postura con la idea de no decidir ahora que, dentro de diez años, solo pueda existir una tecnología, sino permitir la convivencia de vehículos eléctricos, híbridos y propulsados por combustibles sintéticos, entre otros.

A cambio, el canciller alemán, Friedrich Merz, acepta la demanda francesa de dar una mayor protección a la industria automovilística europea. Esto implica reforzar las garantías para que los fondos públicos europeos beneficien a fabricantes y componentes producidos en Europa, además de preservar el empleo del sector dentro de la UE. Alemania se había opuesto hasta ahora a estos requisitos al considerarlos excesivamente proteccionistas.

España, entre la defensa del objetivo climático y la preocupación industrial

Francia había encabezado un grupo de siete Estados miembros contrario a una relajación amplia de las normas para los motores de combustión. En ese bloque se encuentran España y Países Bajos, junto a países con capacidad para conformar una minoría de bloqueo.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha rechazado que la UE renuncie al objetivo de cero emisiones en 2035. En diciembre de 2025 remitió una carta a Ursula von der Leyen en la que solicitaba mantener ese horizonte y se oponía expresamente a que los vehículos de combustión continuaran vendiéndose después de esa fecha.

En junio de 2026, España volvió a coordinarse con Dinamarca, Francia, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal y Suecia para pedir que no se redujeran las exigencias de CO₂.

Impacto para las fábricas y proveedores españoles

La industria alemana, especialmente afectada por la transición al vehículo eléctrico, ha trasladado a España que también figura entre los grandes productores europeos de automóviles y que tiene mucho que perder si el cambio se ejecuta de forma precipitada.

El reciente anuncio del Grupo Volkswagen, que no garantiza la continuidad de la marca Seat más allá de 2029, ha evidenciado este riesgo. Volkswagen ha señalado que el coste de electrificar Seat y las inversiones requeridas no justifican el lanzamiento de nuevos productos para la marca, cuyos vehículos desaparecerán del catálogo a partir de 2030.

La posibilidad de que el acuerdo entre Alemania y Francia permita mantener durante más tiempo la producción de vehículos de combustión en España puede ser relevante para Martorell, los proveedores nacionales y el empleo industrial. Esta opción facilitaría el uso prolongado de fábricas y cadenas de suministro existentes mientras se desarrolla la nueva industria eléctrica.

Exigencias de producción local frente a China

El entendimiento entre París y Berlín favorecería a los fabricantes que produzcan en Europa y representa una señal positiva para el sector español. España mantiene una posición destacada en la industria del automóvil, aunque necesita que las inversiones en baterías, componentes, vehículos eléctricos y software permanezcan en Europa.

Sin embargo, España también ha realizado importantes inversiones para prepararse para el coche eléctrico. Una señal europea en sentido contrario podría hacerle perder esa ventaja competitiva, mientras China continúa avanzando a gran velocidad en la electrificación y aumenta el riesgo estratégico para Europa.

El acuerdo germano-francés también podría resolver el bloqueo relativo a la prohibición de los motores de combustión interna en el Parlamento Europeo. El Comité de Transporte tiene prevista una votación el lunes, con la intención de anticiparse al año de elecciones europeas de 2027 y evitar que la cuestión quede condicionada por la campaña electoral.

El eurodiputado socialdemócrata Tiemo Wölken ha defendido que un acuerdo será útil si sirve para tender un puente hacia la protección del empleo en la UE. El diputado de la CDU Jens Gieseke, responsable del Comité de Transporte, también ha reconocido que esta solución transversal puede contribuir a resolver la situación.

La incógnita sobre el objetivo de CO₂ para 2035

Queda por concretar un aspecto esencial del pacto entre Merz y Macron. La Comisión Europea plantea rebajar del 100% al 90%, respecto a 2021, el objetivo de reducción de CO₂ para los coches nuevos en 2035. La diferencia podría compensarse mediante el uso de acero verde en los vehículos y el repostaje con combustibles renovables en los motores de combustión.

Entre las opciones que siguen sobre la mesa figura alcanzar el 90% de reducción sin mecanismos de compensación o establecer un recorte más profundo. El relator del expediente, el eurodiputado italiano del PPE Massimiliano Salini, defiende, por ejemplo, un objetivo del 73%.

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