El presidente de Francia, Emmanuel Macron, exigió este domingo explicaciones a los servicios de inteligencia por no haber previsto la magnitud de las movilizaciones y los disturbios registrados el sábado. En una breve intervención televisada desde el Palacio del Elíseo, reclamó «respuestas claras» y «transparencia total» tras la oleada de violencia urbana más grave vivida en el país desde el verano de 2023.
Macron admitió que existió un problema de anticipación que «no se puede repetir» y anunció la apertura de una investigación interna con la mayor rapidez posible. El jefe del Estado atribuyó los incidentes a «grupúsculos de la ultraizquierda» a los que se sumaron numerosos delincuentes.
«Aquellos que destrozaron deberán pagarlo y aquellos que robaron deberán devolverlo», afirmó el mandatario, que expresó su «vergüenza» por los hechos e hizo un llamamiento a recuperar la calma. Asimismo, prometió ayudas económicas para los comercios saqueados, que ascienden al menos a 1.500 en el conjunto del país.
Restricciones de reuniones y diálogo con estudiantes
El presidente pidió a los prefectos que actúen «por todos los medios» para frenar la violencia, incluso mediante la prohibición de determinadas reuniones cuando sea necesario. Macron instó a adoptar todas las medidas necesarias ante los altercados producidos durante las protestas.
Sin embargo, se mostró más prudente al abordar las demandas de los centenares de miles de personas, en su mayoría jóvenes, que salieron a la calle contra la subida del precio de la gasolina, el elevado coste de la vida y la precarización de los servicios públicos.
En este sentido, anunció que el Gobierno se reunirá esta semana con los sindicatos estudiantiles para acordar «soluciones concretas». También subrayó que el debate político debe desarrollarse a través de los partidos y confió en que la campaña para las elecciones presidenciales de la próxima primavera contribuya a rebajar la tensión social.
Un escenario complejo a seis meses de las presidenciales
Las declaraciones de Macron se producen en un momento delicado de su segundo mandato, marcado por una popularidad en mínimos: solo cuenta con la confianza del 16% de los franceses. El número dos de la ultraderechista Agrupación Nacional, Jordan Bardella, reclamó este domingo la dimisión del presidente: «Tiene que pedir perdón e irse».
El incidente más grave de la jornada del sábado se produjo en el Ayuntamiento de Limoges, donde un incendio provocado por manifestantes destruyó el tejado y buena parte del interior del edificio, además de causar la caída de su campanario. El inmueble decimonónico corre el riesgo de derrumbarse. Este domingo, unas 7.000 personas participaron en una marcha silenciosa en la localidad tras la conmoción causada por el suceso.
Más de 2.400 detenidos y 997 agentes heridos
Las movilizaciones, convocadas en redes sociales contra el coste de la vida y el deterioro de los servicios públicos, dejaron escenas de carácter insurreccional. Se registraron daños en los ayuntamientos de Marsella y Lille, así como en la residencia de la prefecta en Burdeos.
Aunque la mayoría de los más de 550.000 manifestantes que participaron en todo el país lo hizo de forma pacífica, grupos violentos quemaron vehículos, levantaron e incendiaron barricadas y saquearon hasta 1.500 establecimientos.
Las fuerzas de seguridad detuvieron el sábado a cerca de 2.400 personas. A esa cifra se añadieron nuevos arrestos el domingo, tras momentos de tensión en una protesta espontánea en la Plaza de la República de París y nuevos robos en tiendas y comercios. Solo en la capital hubo 855 detenidos, una cifra récord según la Prefectura de Policía.
El Ejecutivo informó además de 997 agentes heridos, siete de ellos graves, sin facilitar un balance de manifestantes lesionados. Se conoce, no obstante, que un joven perdió una mano en Saint-Étienne, cerca de Lyon; una manifestante de 17 años perdió un ojo en Mulhouse; y otro participante falleció tras sufrir un ataque al corazón durante la marcha de París.
Críticas al dispositivo policial
Los alcaldes socialistas de París y Marsella cuestionaron el operativo desplegado por el Gobierno de Sébastien Lecornu, al considerar que no fue suficiente para contener los disturbios. Los servicios de inteligencia habían calculado inicialmente que las protestas reunirían como máximo a 150.000 personas en Francia, pero el sábado por la tarde elevaron la participación a cerca de 550.000 asistentes.
Reproches desde Marsella y defensa del Ministerio del Interior
El alcalde de Marsella, el socialista Benoît Payan, pidió explicaciones y transparencia al Ejecutivo. El dirigente aseguró que había alertado de que la situación podía degenerar y criticó que, durante la mañana del sábado, solo hubiera una unidad antidisturbios desplegada en la segunda ciudad más poblada del país.
Desde la extrema derecha y desde varias formaciones de izquierdas también se ha solicitado la dimisión del ministro del Interior. Frente a esas críticas, Laurent Nuñez, que ocupa el cargo desde hace un año, negó que el dispositivo fuera insuficiente. Según explicó, las fuerzas de seguridad se enfrentaron a la llegada masiva de agitadores y saqueadores que actuaban en grupos y se dispersaban con rapidez.
Varios agentes, sin embargo, reconocieron haberse visto desbordados. Las autoridades cerraron 25 estaciones de metro en París y prohibieron que la marcha de los sindicatos estudiantiles avanzara hacia la Plaza de la Concordia, próxima al Elíseo y a la Asamblea Nacional. Pese a ello, centenares de manifestantes alcanzaron esa zona y se produjeron enfrentamientos con los antidisturbios a apenas 300 metros de la sede de la Presidencia.
«Algo ha fallado. No es aceptable que haya grupos que lleguen tan cerca del Elíseo», reconoció un agente en declaraciones a Le Monde.















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