La oposición israelí iguala a la coalición de Netanyahu en unos comicios sin mayoría clara

La oposición israelí iguala a la coalición de Netanyahu en unos comicios sin mayoría clara

Los primeros resultados de las elecciones en Israel, conocidos de forma gradual mientras avanza el escrutinio, no despejan todavía la incertidumbre sobre la futura gobernabilidad del país. La votación, celebrada tras los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023, registró una movilización histórica: la participación superó el 77%, el nivel más alto desde que comenzaron los registros en 1973.

Empate entre bloques y sin mayoría parlamentaria

Los sondeos difundidos por medios israelíes sitúan a Benjamin Netanyahu como el candidato más votado, con el Likud alcanzando hasta 27 escaños. Sin embargo, su bloque junto a los partidos ultraortodoxos y ultranacionalistas sionistas no reuniría los apoyos necesarios para constituir un Gobierno.

Las proyecciones de Canal 11 y Canal 13 otorgaban 51 escaños a cada bloque, una cifra insuficiente para llegar a los 61 diputados requeridos en el Parlamento israelí. La oposición podría superar ese umbral si incorporara a los partidos árabes, que, según los sondeos a pie de urna, pasarían de 10 a entre 16 y 18 escaños.

Gadi Eisenkot, líder del bloque opositor, interpretó el resultado como «un voto de desconfianza total hacia Netanyahu y el Gobierno del 7 de octubre, por parte de la mayoría sionista y de la mayoría de ciudadanos israelíes». El dirigente aseguró este miércoles que está preparado para formar un Ejecutivo pese al empate.

Los partidos árabes reclaman un papel decisivo

Los representantes de las principales formaciones árabes celebraron los resultados proyectados y reivindicaron su voluntad de integrarse en una eventual coalición de Gobierno. El líder de la Lista Conjunta, Yousef Jabareen, calificó la jornada de «histórica» tras las estimaciones que atribuyen a su formación y a la Lista Árabe Unida, Raam, entre 16 y 18 diputados, casi el doble que en 2022.

«El público ha hablado. El Gobierno manchado de sangre debe irse. Hemos demostrado que somos una fuerza política que no puede ser ignorada y que no se puede construir un futuro aquí sin nuestra voz», afirmó Jabareen, citado por The Jerusalem Post. Sus palabras reflejan la elevada movilización del electorado árabe.

El presidente de Raam, Mansur Abbas, coincidió en que «la sociedad árabe ha reaccionado a la política de este Gobierno». En declaraciones a Canal 12, señaló que su objetivo es reemplazar al Ejecutivo actual «en casi todas las formas posibles», aunque pidió cautela hasta que concluya el recuento. «Con los números que tenemos ahora, no hay gobierno», advirtió, si la oposición no logra los 61 escaños con su respaldo.

Negociaciones tras el cierre de las urnas

Una vez cerrados los colegios electorales, comenzó tanto el escrutinio como la negociación entre las fuerzas políticas para tejer una coalición de al menos 61 escaños. Abbas reiteró su disposición a apoyar un Gobierno de cambio y aseguró que «convertiremos los escaños que hemos conseguido en una nueva realidad para el país».

Netanyahu, el dirigente que más tiempo ha gobernado Israel, afrontó unos comicios marcados por el temor y convertidos en un plebiscito sobre su continuidad. Aunque el Likud confirmó la solidez de su base electoral pese a los sucesos del 7 de octubre, en la Feria de Muestras de Jerusalén, elegida para seguir la noche electoral, no predominaba un ambiente de celebración. Las mayores muestras de alegría se concentraron en las sedes de los partidos árabes.

Una campaña centrada en el voto árabe

Netanyahu y su esposa, Sara, votaron en Jerusalén y llamaron a la participación con el mensaje: «¡Id a votar!». Eisenkot acudió a las urnas en Herzliya junto a su mujer, Hannah, donde sostuvo que «estamos poniendo a Israel en un nuevo camino y responderemos a la confianza de la gente». El primer ministro fue recibido al grito de «¡Bibi, Bibi, Bibi!», mientras que los simpatizantes de su rival corearon «¡Gadi, Gadi, Gadi!».

La participación fue especialmente elevada entre los ciudadanos árabes, que representan aproximadamente una quinta parte de la población israelí. Esa movilización llevó a Netanyahu a pedir reiteradamente a sus votantes que acudieran a las urnas para frenar a los árabes, una cuestión que definió como «de vida o muerte».

El líder del Likud difundió durante la jornada mensajes alarmistas en redes sociales sobre el voto de la población árabe. El partido llegó a solicitar una ampliación del horario de votación con la expectativa de movilizar a sus seguidores. Recuperando una estrategia utilizada en campañas anteriores, y repitiendo mensajes en X e imágenes generadas con IA ya empleados en otros comicios, Netanyahu insistió en que los árabes «están intentando robarnos las elecciones».

El primer ministro dejó de lado durante ese día el asunto de Irán para concentrarse en lo que presentó como la amenaza del voto de ciudadanos no judíos. «Nada de playa, nada de barbacoas. Todo el mundo a votar al Likud. Lo que está en juego es el futuro de nuestro Estado judío», afirmó, antes de advertir de que un triunfo opositor supondría «el fin del Estado judío tal y como lo conocemos».

El partido Yashar, liderado por Eisenkot, respondió mediante un comunicado que Netanyahu estaba «entrando en pánico» e «inventándose historias» sobre un supuesto robo electoral. La formación sostuvo que el primer ministro estaba preparando el terreno para impugnar los resultados.

Votantes divididos ante el futuro de Netanyahu

En los colegios electorales de Jerusalén, la continuidad de Netanyahu dividía a los votantes. Tamar Gantz, de 25 años, religiosa y habitual votante del Likud, explicó que esta vez optó por un cambio de Gobierno. «Estos cuatro años han sido horribles para nuestra sociedad. Esta coalición nos ha dividido a los israelíes, nunca he visto tanta división interna», manifestó.

Su apuesta se dirigió a una alternativa encabezada por Naftali Bennett, Eisenkot y Avigdor Lieberman. Para ella, Netanyahu es «un líder impresionante», pero considera que después del 7 de octubre hace falta «un cambio de verdad» porque no cree que el Gobierno haya asumido su responsabilidad por lo sucedido. Aunque expresa reticencias ideológicas, aceptaría un Ejecutivo que incluyera a los partidos árabes por no ver otra alternativa.

Ese planteamiento ilustra el desafío de la oposición: su diversidad interna puede dificultar la construcción de una mayoría parlamentaria capaz de desalojar a Netanyahu del poder.

Por el contrario, Roni Razalit, de 69 años, no dudó sobre su voto en Jerusalén. «A veces es mejor el diablo conocido que el diablo por conocer. No digo que ‘Bibi’ sea un diablo, pero es mejor que cualquier otro», sostuvo. Esta vecina considera que no hay otro dirigente capaz de gobernar Israel en un momento tan delicado y teme la creación de un Estado palestino. «Voto a Bibi porque tengo miedo, no porque lo quiera tanto», confesó.

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