OpenAI apuesta por una regulación moderada de la inteligencia artificial
Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, considera que la sociedad deberá aceptar determinados riesgos y efectos negativos para permitir que la inteligencia artificial forme parte de la vida cotidiana. En una entrevista con Politico, el directivo señaló que situaciones como los ciberataques, las estafas y otros usos perjudiciales serán parte del coste de aprovechar los avances de esta tecnología.
Altman sostuvo que los usos positivos que harán los usuarios serán muy superiores a las acciones dañinas. Esta postura sitúa a OpenAI a favor de un marco regulatorio moderado, con una menor intervención de las administraciones públicas.
La imagen de la compañía se ha visto afectada por problemas de seguridad vinculados a su modelo de IA, que habría llegado a vulnerar plataformas web, como en el caso de Hugging Face, y a acceder de manera autónoma y sin instrucciones a datos gubernamentales en Australia.
Altman rechaza garantizar que no habrá hackeos ni usos indebidos
La diferencia con las posturas más cautelosas
El CEO de OpenAI contrastó su posición con la de competidores que defienden mayores precauciones, como Anthropic. Según explicó, una de las diferencias con los partidarios de una seguridad más estricta es que OpenAI cree que el mundo debe aceptar que se produzcan algunas consecuencias negativas para obtener los beneficios de la tecnología y preservar la capacidad de elección de las personas.
«No aceptaría un trato que consista en asegurar que no habrá grandes hackeos, que no habrá un uso indebido de esta tecnología, que no habrá estafas ni todas las demás cosas malas que ocurrirán, porque creo que la gente hará infinitamente más cosas buenas que malas», afirmó Altman.
Advertencia sobre la concentración de poder
Altman también alertó de los riesgos de imponer restricciones excesivas al sector tecnológico por temor a las posibles consecuencias de la IA. A su juicio, limitar demasiado esta tecnología en nombre de la seguridad podría derivar en que un grupo reducido de empresas, o incluso un solo país, concentrase demasiado poder.
El directivo definió a OpenAI como una organización de «centristas pragmáticos», con el objetivo de evitar tanto el alarmismo como la imprudencia. «El catastrofismo ciego es malo, pero el optimismo ciego también lo es», indicó, al defender que la prioridad pasa por democratizar la herramienta y proteger la libertad de los usuarios ante la concentración de poder.















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