Una fotografía como punto de partida
María Pagés estrena en el Centro Danza Matadero Bilbao Square, un espectáculo nacido de una imagen familiar hallada mientras ordenaban archivos. En la fotografía aparece la bailaora a los 15 años junto a su madre, doña María Jesús Madrigal Mestres, y su abuela, doña Maruja Mestres Pintó, en Las Ventas, un día después de que llegaran a Madrid.
La familia se instaló durante cinco años en una casa situada en la Glorieta de Bilbao, un lugar que articula la nueva creación. La obra propone un viaje a aquella plaza entendida como un ágora en la que la adolescente comenzó a construirse como la artista, coreógrafa y mujer que es hoy.
El escritor, dramaturgo y codirector del proyecto, El Arbi El Harti, también compañero de vida de Pagés, recuerda el origen de la propuesta: «Todo comenzó con una foto que descubrí organizando los archivos y me llamó la atención. Le dije a María: “aquí hay chicha”».
Un estreno atravesado por el duelo
La creación llega en un momento especialmente doloroso para la artista. Durante el proceso, la madre de María Pagés se encontraba gravemente enferma y, dos días antes de la publicación del reportaje original, ambos comunicaron el fallecimiento de doña María Jesús Madrigal Mestres.
El Arbi El Harti concibió inicialmente la pieza como «un espectáculo y una fiesta». Pagés sostiene que debe seguir siéndolo, pese a las circunstancias: la danza, afirma, representa un refugio y un espacio de sanación. «Crear danza ayuda a sanar. Es muy especial», señala.
La historia de una joven que llegó a Madrid
Bilbao Square recupera la historia de la niña que llegó a Madrid en un Citroën Tiburón negro junto a su familia, marcada por la devoción a la Virgen de las Nieves y a la iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla. A los 15 años dejó atrás ese entorno para iniciar su formación como bailaora.
Desde entonces, Pagés ha recorrido el mundo con su arte: primero formó parte de la compañía de Antonio Gades y más tarde desarrolló una trayectoria propia como creadora. Su carrera ha estado definida por la curiosidad, las preguntas y la voluntad de explorar caminos distintos a los establecidos.
Flamenco, identidad y creación compartida
María Pagés y El Arbi El Harti llevan más de quince años trabajando juntos. Ella aporta el cuerpo y el flamenco; él, la palabra, la literatura y la dramaturgia. De esa relación han surgido más de una quincena de obras.
Para El Harti, la singularidad de la artista está vinculada a una identidad múltiple: Cataluña, Andalucía y Madrid. La ascendencia catalana de su abuela, que emigró a Andalucía, y el origen sevillano de su madre conforman un recorrido cultural que, según el dramaturgo, sitúa a Pagés en una fértil «tierra de nadie» desde la que crear.
La bailaora defiende que el flamenco no puede reducirse a los estereotipos que se han construido a su alrededor. A su juicio, este arte ha avanzado gracias a la contribución de diferentes personalidades, culturas y formas de vivir, en un diálogo permanente entre tradición y evolución. Sin esa transformación, considera, el flamenco se habría visto reducido y probablemente habría muerto.
La palabra antes del movimiento
La pieza no comienza con bulerías ni soleás, sino con la palabra. El Arbi El Harti rechaza la idea de que la danza sea únicamente movimiento y sostiene que las ideas se concretan en palabras antes de desplegarse sobre el escenario.
Para Pagés, palabra y danza son lenguajes equivalentes: «La palabra para la danza es la danza, la palabra tiene su reflejo, su conexión en la danza como otra compañera de expresión. Para mí la danza y la palabra son lo mismo».
Objetos cotidianos y 63 años de danza
La escenografía de Bilbao Square se apoya en objetos habituales de cualquier bailaor: el abanico, el bastón, la bata de cola, los libros y los zapatos. En esta propuesta dejan de ser accesorios para convertirse en personajes cargados de significado emocional y narrativo, con textos de El Arbi El Harti.
Sobre el escenario también estarán los 63 años de danza de María Pagés, con la huella de lesiones graves, operaciones y problemas en las rodillas. La artista reconoce la dificultad de asumir límites, ya que implican renunciar a aquello que ha formado parte de toda una vida, aunque considera que son necesarios y sanadores.
Actualmente, Pagés y El Harti codirigen el Centro Danza Matadero, que la bailaora define como un lugar de esperanza dentro de un sector marcado por la precariedad y la necesidad.
Con esta obra, María Pagés vuelve a la Glorieta de Bilbao, a su abuela doña Masu y a la palabra como origen. El espectáculo plantea el cierre de un círculo que, tras la muerte de su madre, se prolonga como una línea infinita. La memoria y la ausencia se transforman así en presencia sobre el escenario.
















Deja una respuesta