Christa Pike sobrevive a una ejecución fallida en Tennessee tras recibir dos dosis de pentobarbital

Christa Pike sobrevive a una ejecución fallida en Tennessee tras recibir dos dosis de pentobarbital

Una ejecución fallida y una recuperación inesperada

Christa Pike, presa en el corredor de la muerte de Tennessee, sobrevivió a dos dosis de pentobarbital administradas durante un intento de ejecución. Tras varios días en estado crítico, volvió a hablar y posteriormente pudo caminar, pese a que el equipo médico llegó a considerar que se encontraba en situación de muerte cerebral.

La ejecución se complicó por problemas para colocar la vía intravenosa necesaria para suministrar el fármaco. La primera dosis solo le causó dolor en un brazo y la segunda tampoco provocó su muerte. Según las informaciones disponibles, el veneno pudo haber llegado al tejido que rodeaba las venas, en lugar de entrar en el sistema sanguíneo.

Sus primeras palabras al recuperar la consciencia fueron: «¿Dónde estoy?». El 6 de octubre, cuando se preparaba su desconexión, Pike volvió a hablar. Una semana después del intento de ejecución ya podía caminar, aunque seguía afectada por una neumonía, no podía mover los brazos y presentaba un coágulo en uno de ellos.

Durante el pasado fin de semana, la condenada fue dada de alta y regresó a la prisión en la que ha permanecido durante los últimos treinta años. Por el momento continuará allí mientras recibe tratamiento médico.

Problemas con las inyecciones letales

Los intentos de ejecución mediante inyección letal que terminan suspendiéndose no son inusuales en Estados Unidos. En los últimos años se han registrado al menos siete casos en los que la pena capital tuvo que interrumpirse por dificultades en la administración de la droga, principalmente por la imposibilidad de encontrar una vena adecuada. Algunos estados incluso han recurrido de nuevo al pelotón de fusilamiento.

Las complicaciones de Pike podrían estar relacionadas, entre otros factores, con la trombocitosis esencial que padece. Se trata de una neoplasia mieloproliferativa, un cáncer de sangre en el que la médula ósea produce una cantidad excesiva de plaquetas y que puede causar inflamación vascular o venas finas y frágiles.

Antecedentes históricos de condenados que sobrevivieron

Anna Greene y Joseph Samuel

El caso de Pike recuerda otros episodios excepcionales. En 1650, la joven inglesa Anna Greene, una sirvienta que había dado a luz a un feto muerto tras quedarse embarazada del nieto adolescente de su patrón, fue condenada a la horca por intentar ocultarlo. Tras ser ejecutada en el castillo de Oxford el 14 de diciembre, su cuerpo fue enviado en un féretro a un profesor de anatomía para ser diseccionado. Al abrir el ataúd, Greene aún respiraba y se movía; recuperó el habla catorce horas más tarde.

También Joseph Samuel, un delincuente enviado desde Inglaterra a Australia a comienzos del siglo XIX, sobrevivió después de que la soga fallara hasta tres veces durante su ahorcamiento. Las autoridades interpretaron ambos casos como una intervención divina y concedieron el indulto a los condenados. Greene rehízo su vida, se casó, tuvo tres hijos y conservó su ataúd como recuerdo. Samuel vio conmutada su pena por cadena perpetua, aunque más tarde escapó de prisión en barco junto a otros reclusos y murió en una tormenta en el océano.

Una infancia traumática y un crimen brutal

La vida de Pike estuvo marcada por graves dificultades desde su niñez. Creció en Beckley, en Virginia Occidental, uno de los estados más pobres del país. Según la web «Misericordia con Christa», sus padres eran alcohólicos, nació con daño cerebral por el consumo de alcohol de su madre durante el embarazo y sufrió abusos familiares, continuos cambios de escuela y violaciones durante su infancia.

A los doce años intentó suicidarse con calmantes y fue diagnosticada de depresión y trastorno bipolar, aunque no recibió tratamiento continuado. Después de tener problemas con la Justicia y pasar por centros penitenciarios de menores, ingresó a mediados de los años noventa en un centro de formación profesional para jóvenes.

Allí conoció a Colleen Slemmer, una compañera de clase a la que Pike creía que quería quitarle a su novio. Junto a dos cómplices, incluido ese novio, engañó a Slemmer para llevarla a un bosque. Allí la torturaron y apuñalaron. Pike la mató golpeándole la cabeza con un trozo de asfalto, se llevó parte de su cráneo como recuerdo y lo mostró al día siguiente a otros estudiantes. Tenía 18 años.

Un futuro judicial sin resolver

La condena a muerte de Pike tardó tres décadas en llegar a su fase de ejecución, entre solicitudes de indulto y las exigencias de la familia de la víctima para que se cumpliera la sentencia. Tras el fallido intento, permanece abierta la incógnita sobre si volverá a ser ejecutada o si se utilizará otro método.

La decisión corresponde al gobernador republicano de Tennessee, Bill Lee, que por ahora no ha descartado que Pike vuelva a enfrentarse a una ejecución.

El precedente de Willie Francis

Los expertos legales consideran que el caso se mueve en «aguas desconocidas». El antecedente más cercano en Estados Unidos se remonta a 1946, cuando Willie Francis, un joven negro condenado por violación y asesinato, sobrevivió a la silla eléctrica porque el operario penitenciario que instaló el equipo estaba borracho y no logró electrocutarlo. El Tribunal Supremo resolvió en 1947 que la ejecución podía repetirse, y Francis murió en el segundo intento.

En el caso de Pike, sus abogados habían advertido reiteradamente del dolor y las dificultades adicionales que podía causar la inyección debido al estado de sus venas. Las autoridades rechazaron esos argumentos y siguieron adelante. De regreso al corredor de la muerte, el futuro de Christa Pike continúa sin una respuesta clara.

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